Clásicos

El alma y el corazón de Closer

Mayo 27, 2017

Joy Division: Closer

 

 

 

Por Daniel Ospina

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Una lápida en la que morían Ian Curtis, Joy Division y, en cierta forma, la era dorada del post punk. 

 

Este es el último capítulo de una historia que comencé a escribir cuando publiqué la retrospectiva de Unknown Pleasures. O tal vez el comienzo de una historia que con peleas, separaciones, reencuentros, y hits por docena le iba a permitir a New Order ser una de las bandas más importantes de nuestro tiempo. Incluso puede ser una historia dentro de otra, porque narra la historia que rodea la grabación de un disco solitario que le permitió a unos cuantos solitarios ampararse bajo su regazo en eso que se llamó “rock gótico”. 

 

Independientemente de la versión que le guste al lector o la que sea cierta (porque las tres pueden ser ciertas), hablamos de un trabajo que en medio de la negatividad del ambiente se las ingenió para hacerse un lugar como uno de los discos “citables” por excelencia. Hablamos de Closer, el segundo y ultimo álbum de Joy Division

 

Contexto 

 

Para finales de 1979 ya eran la sensación del underground británico. Eso es mucho decir si se toma en cuenta lo fructífera que se había tornado la escena del post punk en el Reino Unido en esos días. La movida 2 Tone, el mod revival, el emergente synthpop, los militantes en la línea de Durutti Column o Gang Of Four y los más emparentados con Joy Division como Wire convivían con ellos y sacaban discos tremendos por esos mismos días. 

 

Pero todos los ojos seguían puestos en Bernard Sumner, Peter Hook, Stephen Morris y, por supuesto, Ian Curtis. Sobre todo luego de la gran recepción de Unknown Pleasures, el éxito de “Transmission” en la escena underground y una gira telonenando a Buzzcocks en la que, se dice, superaron totalmente a Pete Shelley y compañía en el escenario. Atraían la dosis necesaria de polémica con el origen de su nombre (que hacia referencia a las mujeres judías utilizadas como esclavas sexuales de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial), reforzada con la intención de Sumner por hacerse llamar Bernard Albrecht, y el hecho de que a menudo sus presentaciones las frecuentaran los recién nacidos grupos neonazis. 

 

Por esos días Ian se sentía fascinado con Kraftwerk y el resto andaba bajo el influjo de la Trilogía de Bowie. A eso se le sumaban los problemas personales del vocalista, cada vez más afectado por su epilepsia, alienado de la banda y de su familia, y con una lucha entre seguir adelante o seguir el camino de su admirado Jim Morrison. En ese ambiente, con Martín Hannett repitiendo en la producción y una gira por Estados Unidos en el horizonte, inician las grabaciones del segundo álbum de Joy Division

 

 

El Disco 

 

Simon Reynolds en su libro “Post Punk, romper todo y empezar de nuevo” consideraba que Closer en el lado A era la agonía de Ian, mientras que el lado B “era aún más perturbador por su serenidad. Era como si Curtis sencillamente hubiera decidido dejar de oponer toda resistencia” en referencia al sentimiento tan macabro que sobrevolaba ese álbum.  

 

Las letras reflejaban una creciente insatisfacción con su propia existencia, puesto que tenía que lidiar con la responsabilidad de liderar Joy Division, así como con sus ataques de epilepsia y la complicada relación con su esposa, Deborah Woodruff (a la cual de hecho le era infiel). Por algún motivo todo eso le daba una especie de carisma, que vino a reforzarse con el mito que llegó a nosotros mucho tiempo después.  

 

Era claustrofobia pura, mucho más elaborada y desafiante, reforzada por la portada que consistía en una adaptación que hizo el diseñador de cabecera de Factory Records, Peter Saville, a una foto original del francés Bernard Pierre Wolff. El pulso post punk de su antecesor Unknown Pleasures cedía paso al liderazgo de los teclados de Sumner y un bajo mucho más aventurero por parte de Hook. Las guitarras si bien seguían presentes, no se utilizaban para desencadenar adrenalina sino más bien para reforzar esa oscuridad marcada por los teclados y los ritmos aventureros en la batería de Morris. “Atrocity Exhibition” (inspirada en la novela de J.G Ballard) y “Colony” (con un bajo arrollador) son buenos ejemplos de eso. 

 

Incluso en las canciones más dinámicas como “Isolation” (anticipando el boom del  synthpop) se percibe una mayor elaboración en los ritmos y la ejecución, siendo un reflejo de la experiencia acumulada por el cuarteto en ese periodo, así como de la consolidación de un estilo propio que esta vez iba más allá de comparaciones con David Bowie o el krautrock. No por nada se le considera como el primer álbum “gótico” por excelencia. 

 

Puede ponerse bastante hipnótico como en “Passover” o “A Means To An End”, mostrando una importante presencia de guitarras (aunque siempre al servicio de la atmósfera) sostenidas por los ritmos caóticos pero sólidos del bajo y la batería, entrecruzados con los teclados. Para el seguidor promedio de Joy Division no debería ser difícil escuchar esas dos canciones e imaginar como se siente la epilepsia subiendo por el cuerpo.  

 

 

 

Pero donde realmente se ve el potencial de Joy Division de cara al futuro es en la segunda mitad del álbum, donde parece que las convulsiones se detienen y ahora son los tranquilizantes quienes actúan en el cuerpo. “Heart And Soul” y “Twenty Four Hours” en medio de una engañosa tranquilidad reflejan lo que Reynolds interpreta como rendirse ante la muerte, anestesiado. Para entender la continua evolución de su sonido, en “The Eternal” y “Decades” la banda deja el camino abierto para un estilo siniestro donde los teclados iban a dominar la música, las percusiones sonaban más metálicas que nunca y las voces graves serian la constante. Había nacido el darkwave.  

 

Es justo decir que Closer no fue un éxito por si mismo, sino por el mito. Apareció en las tiendas apenas unos meses después de la muerte de Ian Curtis, y además fue arrastrado por el éxito en las listas de “Love Will Tear Us Apart”. En la Rolling Stone y el NME peleaba el título a disco del año junto a Talking Heads, The Specials y The Feelies.  

 

Con la fiebre del post punk revival esas sensaciones se vieron reafirmadas, resaltando su importancia como pionero en la aparición del rock gótico, el indie e incluso el emo. Pitchfork lo incluyó en la décima posición en su lista de los 100 mejores álbumes de los ochenta, considerándolo “más austero, más claustrofobico, más oscuro, más ingenioso y más atrapante que su predecesor”. El NME lo incluyó en el puesto #72 de su lista de los 100 Mejores Álbumes Británicos de todos los tiempos, mientras que la Rolling Stone hizo lo propio al incluir Closer en el puesto 157 de los 500 Mejores Álbumes De La Historia. 

 

Legado 

 

Lo interesante de Closer es el avance tan radical que mostraron durante el año posterior al lanzamiento de Unknown Pleasures. En medio del ambiente tan tétrico que aportaba el estado de Ian (y la falta de comunicación entre los miembros de la banda) encontraron una inspiración para, sin quererlo, crear una lápida en la que morían Ian Curtis, Joy Division y en cierta forma la era dorada del post punk, que luego se encargaría de encontrar su camino bajo una serie de nuevos movimientos musicales.  

 

Pero claro, ellos mismos dan vida a nuevos movimientos musicales con Closer. El darkwave de Clan Of Xymox es el mejor ejemplo, pero a meses de que Gary Numan rompiera esquemas con “Cars”, Joy Division ya había introducido un poco al público en esa dinámica con los pasajes de Sumner en los teclados. Hasta Talking Heads (que hasta la fecha nunca los había escuchado) se dejó contagiar de esa oscuridad y en su grandioso Remain In Light (lanzado ese mismo año) incluyó una canción llamada “The Overload”, la cual surgió de basarse en las reseñas que daban las revistas sobre Joy Division para armar una canción de ese tipo. El resultado no pudo ser mejor.   

 

Aunque ya llevaba algunos años más siendo tocada en vivo, “Love Will Tear Us Apart” se convertirá en su mayor éxito comercial y en el final de Joy Division.“Atmosphere” y “She’s Lost Control” también se lanzarían como sencillo doble unos meses después con éxito similar. Sin embargo, el acople seguía ahí, las ganas de continuar en Bernard, Peter y Stephen también, y entre el futuro musical que parecía vislumbrarse en Closer junto a su gira por Estados Unidos donde conocen la música disco, New Order cobra vida.  

 

Dicho eso, no creo que encuentre una razón concreta para explicar por qué Closer me gusta más que Unknown Pleasures. Supongo que tiene mucho que ver la presencia de los teclados, así como el hecho de que las letras de Ian permiten entenderlo como una historia digna de Rimbaud o Faulkner, donde queda reflejada una pelea por la vida donde, inevitablemente, acaba perdiendo. Reflejando todo eso en la música y creando el “culto sin nombre” para ser explotado hasta el cansancio hasta nuestros días en merchandising y una que otra re-edición, Closer es el marcapaginas más duradero del que se tenga conocimiento hasta la fecha.

 

 

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