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Globalización: Cultura o destrucción

junio 8, 2017

Globalización: ¿Unión de culturas o destrucción?

Por Jorge Alexander González (Invitado)

 

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Hoy en día vestimos igual, queremos esa parte del estilo de vida estadounidense en el cual queremos ser ricos y famosos, tener la figura física de los grandes actores y deportistas, vestir lo que ellos visten, hacer lo que ellos hacen.

 

Podríamos definir la globalización como un proceso de comunicación e interdependencia entre los distintos países y continentes del mundo en las áreas económica, política, social y cultural. Este fenómeno tuvo su gran detonante en la caída del muro de Berlín en 1989 y el colapso de la Unión Soviética y de todo el bloque comunista en 1991. A partir de aquella etapa las personas de cualquier rincón del planeta podrían adquirir productos y servicios sin tener que desplazarse grandes distancias. Es decir, al no haber barreras tanto ideológicas como políticas las grandes empresas y conglomerados podrían comercializar lo que elaboraban sin mayores trabas. Ya no era necesario ir a Estados Unidos o Europa para adquirir los zapatos Adidas o Nike de moda o ir a Japón para comprar los últimos artefactos electrónicos de última generación, ya bien sea cámaras digitales, reproductores musicales, televisores y computadores.

 

En la década de los noventa la cultura de masas se expande por todo el mundo como punta de lanza de la globalización. La televisión por cable es el puntapié inicial de este proceso. MTV el canal de música las 24 horas que empezó su emisión a inicios de la década de los ochenta en los Estados Unidos se convirtió en el principal baluarte de este fenómeno. Impuso su criterio en cuanto a gustos musicales, modas juveniles y eventos discográficos llamados unplugged o desconectados, los cuales eran un concierto en vivo que en lugar de usar guitarras eléctricas usaban guitarras de cuerda, convirtiéndose este formato en todo un éxito. Además, la oferta de canales tanto deportivos como de películas fue desplazando poco a poco la audiencia de los canales nacionales de gran parte del mundo obligando a estos a tomar los formatos que se estaban gestando en la televisión por cable.

 

La industria cinematográfica de Hollywood se volvió más que una factoría de hacer películas. Su presencia en los cinemas del mundo confirma el papel de superpotencia de los Estados Unidos llevando su estilo de vida y valores alrededor del mundo. Lo que vestimos, los conciertos a los que asistimos, nuestros gustos por cierta estética urbanística y el estilo de vida que queremos tener como es el ser ejecutivo de una gran empresa, siempre vestir a la última moda y ganar millones no es más que el resultado de la globalización.

 

Sin embargo, la globalización ha tenido un lado B. Y este es que desde la década de los noventa se viene observando una fuerte homogenización de la cultura a nivel mundial. Esto quiero decir que la música y los ritmos autóctonos más conocidos como música folclórica poco a poco van desapareciendo debido a la escaza difusión que estos tienen. La forma de vestir y los estilos de vida de poblaciones autóctonas como los indígenas desaparecen debido a que su identidad está gravemente amenazada por el estigma de atraso y subdesarrollo.

  

El cine de Hollywood ha hecho que en los cinemas de gran parte del mundo su presencia sea tan preponderante que las industrias de cine locales se vean muy reducidas debido a que no cuentan con el presupuesto para poder ser competitivos. Inclusive internet que hoy es el gran caballo de batalla de la globalización, en sus orígenes permitía que su contenido fuera libre y no estuviese dominado por poderosos grupos económicos y ha visto como su contenido ha sido tomado por un puñado de transnacionales poderosas como Google, Facebook y Twitter quienes deciden qué información podemos acceder, la cantidad y el modo en que la hacemos pública.

 

Hoy en día vestimos igual, queremos esa parte del estilo de vida estadounidense en el cual queremos ser ricos y famosos, tener la figura física de los grandes actores y deportistas, vestir lo que ellos visten, hacer lo que ellos hacen; convirtiendo a la sociedad en una masa de consumistas que adquieren productos y adoptan modos de vida sin saber su origen y él porque se deben adquirir. En fin, un mercantilismo sin sentido se ha convertido la globalización.

 

Es una lucha muy desigual, aquel que tiene los fondos económicos suficientes para poder producir y realizar productos culturales, tiene una ventaja enorme sobre aquel que; aunque su producto sea de mejor calidad no cuenta con los medios para que este se pueda difundir. Todo se reduce a cuánto dinero se tenga y no cuanta calidad tienen los contenidos y los productos. Acertadas resultan en este sentido la reflexión del filósofo español Fernando Savater: “Uno puede estar a favor de la globalización o en contra de su rumbo actual, lo mismo que se puede estar a favor de la electricidad y en contra de la silla eléctrica”.

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