Clásicos

Del culto al estrellato

junio 1, 2017

The Cure: ‘Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me’, del culto al estrellato

Por Daniel Ospina

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Los chicos góticos también se enamoran. Y eso está muy bien.

 

Han pasado años desde que pude ver en vivo a The Cure por primera (y seguramente última) vez. Fue una noche de abril con lluvia, barreras generacionales muy difusas y un deseo incontrolable por sumergirnos en los ambientes tétricos o la amabilidad pop propuesta por Robert Smith y compañía durante tres horas. Aun hoy esa noche parece fugaz, como algo que llegó de la nada y se fue para no volver jamás, pues la campaña promocional no fue tan pomposa como otras (tampoco es que hubiese mucha necesidad, sinceramente), el día del concierto todos hablaban sobre lo que pasaría en el Simón Bolívar esa noche, y al día siguiente del show todos hablaríamos de lo que pasó. Fue muy común y corriente todo el aspecto mediático que rodeó ese concierto, y tal vez por eso comparado con otras grandes noches no trascendió tanto entre la gente.

 

Pero no nos desviemos. Los escuchaba desde el bachillerato y siempre me sorprendía darme cuenta que su repertorio iba más allá del gótico para adolescentes depresivos con el que se les suele etiquetar. Era música en la que uno podía perderse. ¿Pero cuando fueron capaces de trascender ese halo de oscuridad presente en sus primeros trabajos para convertirse en una de las agrupaciones más grandes del mundo? Tendríamos que retroceder al 25 de mayo de 1987, el día que salió a la venta ‘Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me‘, el disco donde desafiaron sus limites, enojaron a más de un crítico, ganaron más seguidores que nunca, y se pusieron en marcha para convertirse en uno de los actos más grandes del planeta.

 

Contexto

 

En 1987 muchas cosas parecían indicar que la década se estaba pudriendo por dentro. No era raro escuchar temas insulsos y descartables liderando los charts de popularidad, muchos de ellos con esa conciencia social despertada de manera artificial por Live Aid. La maquinaria discográfica estaba mejor que nunca y con el mayor dominio posible de las formulas que cualquiera de los géneros predominantes pudiese ofrecer. Eso se traducía en mucha cosa para estadios y poca música realmente desafiante, fresca, y atractiva.

 

Posiblemente esa situación fue la que permitió que The Cure se encontrara en una posición especialmente favorable para plantearse la búsqueda de una mayor popularidad. Con muchos excesos ya dejados de lado (o al menos reducidos a niveles donde no pudiesen interferir con el desempeño normal de la banda) una encontrada madurez que les permitía ampliar el espectro sonoro y un momento tremendo en lo que a compenetración entre los miembros se refiere luego de grabar en 1985 ‘The Head On The Door‘, la banda (y particularmente Smith) estaban preparados para saber si podían ser mejores que el resto.

 

El disco

 

Robert Smith quería ver hasta donde podían llevarlos esos coqueteos con el pop que habían probado en sencillos como “Let’s Go To Bed” o “Close To Me“. Es verdad que por lo general esas incursiones tenían más dosis de parodia o burla frente a la situación de la música pop en esos tiempos, pero el hecho de que le salieran tan bien dejaba ver que Smith tenia una sensibilidad que podía explotarse. Seguramente el vocalista también se dio cuenta de eso y eligió darle más espacio a ese instinto al entenderlo como una evolución natural en la banda y una forma de alejarse aun más de esa oscuridad que casi lo conduce al suicidio. Eso llevó a que los otros miembros del grupo aportaran más en la composición instrumental. Con cinco miembros (Smith, Laurence Tolhurst, Simon Gallup, Porl Thompson y Boris Willliams) aportando, es natural no solo la diversidad en los ritmos, sino la gran cantidad de temas elegidos (18).

 Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me‘ apela al amor como eje central de las letras. Visto desde su lado más dulce o desde el más amargo y despiadado, Smith aprovechó la diversidad para abordar dos frentes: el siniestro y el luminoso. La mayoría de veces estará alternando la dinámica en esos dos lados del péndulo.

Primero le toca al lado siniestro, como cabría esperar de The Cure. La elegida es “The Kiss”. Las guitarras se van apoderando del ambiente poco a poco con una capacidad de ser opresivas y al mismo tiempo encantadoras completamente fuera de serie. Sean momentos desgarradores o los más calmados donde los teclados dominan, es un tema que en tiempos donde la gente sospechaba que la banda se hacía más accesible y con ello vendía su alma; le recordaba a todos que ese lado salvaje no iba a ser domado tan fácilmente.

 

 

Parecía un parte de tranquilidad para la vieja guardia, pero en una movida que solo podría calificarse como puras ganas de sacarle la piedra a todo el mundo, el siguiente tema es “Catch”. Elegida como sencillo un tiempo después de lanzar el disco, es dominada por una sección de cuerdas que remite a la frescura y madurez mostradas en ‘The Head On The Door’ mostrando ese lado luminoso que por esos días incomodaba tanto a los más incondicionales del grupo, pero al mismo tiempo permitía que llegaran a un público más amplio sin dejar por eso de ser honestos con sus realidades creativas y personales.

 

Ya hemos visto la oscuridad y la luz contrastadas como nunca antes en un disco de The Cure. Smith nos tiene en sus manos y ahora puede hacer lo que quiera con el resto de canciones, someterlas a su capricho y tirarnos lo que se le antoje. “Torture” deja ver la línea post punk del grupo (su forma hecha para estadios, siendo concretos) permitiendo que el bajo de Simon Gallup domine la situación. El registro más agudo y atmosférico de las guitarras no se aleja mucho del sonido U2. “If Only We Could Sleep” se define por oposición como algo más sórdido, pero a la vez con ese mismo encanto propio de la cobra que acecha a su presa. Los ecos árabes y las percusiones le confieren esa mística inquietante que suelen tener de vez en cuando las canciones de la banda, mientras la voz de Smith emerge suave y aguda para reafirmar ese ambiente tan tétrico. Así concluye la primera parte.

 

 

Para la segunda parte aparece “Why Can’t I Be You?” dejando al desnudo los instintos pop de la banda, así como su facilidad para provocar a la crítica establecida. En el NME hubo quien se atrevió a mofarse del tema en su momento diciendo que parecía un robo a “Young Guns” de Wham! Muy en la línea de “Let’s Go To Bed” donde ya habían probado esa faceta alegrona, la verdad es que seguramente hoy suena mucho mejor de lo que debió sonar entonces.

 

El disco prosigue con “How Beautiful You Are” que no destaca tanto, aunque deja ver bastante esmero en su producción. Momentos de piano, cuerdas persistentes y la voz de Robert que se siente solemne todo el tiempo. A lo mejor queda en un segundo plano al no transmitir la emoción de otros temas que siguen esa línea de guitarra pop-rock en el disco. En “The Snakepit” volvemos a ponernos densos con un tema donde lo gótico se hace borroso y se torna por momentos psicodélico. Para “Hey You!!!” dejan ver nuevamente su lado más desenfadado, aunque dejando todavía rastros de salvajismo en los wah-wah de las guitarras y en el saxofón que incorporaron para la ocasión. Algo curioso con el tema es que parece repetirse la misma nota de guitarra una y otra vez a lo largo del tema, ofreciendo un aire trastornado a lo que debería ser un tema totalmente festivo.

 

La tercera parte del álbum comienza con “Just Like Heaven”. Concebida por Smith como la canción pop perfecta, lo sigue siendo en muchos sentidos hasta el día de hoy. Tiene acordes memorables, la forma en que se van sumando los instrumentos le imprime mística al tema, y esa forma en que el romance se cruza con la inocencia en la letra pone a ese tema en particular a otro nivel comparado con el resto. Cuando la aprendí a tocar en guitarra hacía parecer demasiado fácil componer un tema así, pero la verdad es que tiene tantos detalles en una estructura tan básica que al escucharla uno termina redescubriéndola una y otra vez, entendiendo así lo difícil que es componer algo realmente bueno.

 

El disco prosigue con “All I Want”, muy al estilo de “Charlotte Sometimes” con esas guitarras imponentes en medio de su ejecución tan extraña para abrir paso a la discotequera y erótica “Hot Hot Hot!!!”. Es una especie de sacrilegio si se toma en cuenta que mucho del gótico renegaba del funk y su forma pervertida, la música disco. Pero por esos días Robert Smith era bastante reacio a escuchar música contemporánea, prefiriendo escuchar country o canciones disco. En muchos sentidos puede que ese tema fuese hasta una consecuencia lógica de su actitud tan ermitaña frente a la década que le tocó vivir. El bajo de Simon Gallup se roba el show, indudablemente.

 

Pero nuevamente la oscuridad debe hacer acto de presencia frente a semejante acto de erotismo, y es ahí cuando aparece “One More Time”. El teclado le da un tono particularmente infantil, pero en cuanto Smith suma su voz las cosas adquieren un rumbo más melancólico y cargado de nostalgia. En “Like Cockatoos” vuelve la mística y las reminiscencias del Medio Oriente, como si musicalizaran con técnicas ochenteras la vida de Lawrence de Arabia. Los teclados adquieren intensidad hasta llegar a esa imponente final donde unas cuantas teclas parecen valer por una orquesta entera.

 

La última parte del disco es una especie de epilogo para todo lo que hemos podido escuchar hasta este punto. “Icing Sugar” entre los golpes a lo Joy Division de la batería y un saxofón desatado dan como resultado un momento vibrante, “The Perfect Girl” se anticipa al pop radial que van a mostrar varios años después en ‘Wish’, en “A Thousand Hours” la banda logra armar una especie de vals combinando ese ritmo con sus guitarras en reverberación, algunos momentos de piano y la batería de registro grave tan propia de ellos. “Shiver And Shake” demuestra que no son tan ajenos a lo que ocurre a su alrededor, pues esa canción fácilmente puede situarse al lado de las que hacía por esos años The Jesus And Mary Chain. Distorsionada, cruda, pero con una voz carismática y suficiente encanto en las melodías de guitarra. La rabia que deja ver en su letra no se aleja tanto de la que Kurt Cobain llevará a la cima de las listas con Nirvana.

 

 

La última canción del álbum es “Fight”. Una de las más cadenciosas del disco en medio de su tono combativo, deja que los teclados sean protagonistas de las acciones detrás de Smith, que canta con la fuerza que lo caracteriza pero a la vez con un dramatismo que solo podría compararse a lo mostrado al principio del disco. Tiene sentido entonces que sea el final, pues lo único que podría hacerse a partir de allí es repetir el disco en bucle.

 

Recepción

 

El recibimiento para ‘Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me‘ fue extraño. Cuando “Why Can’t I Be You” salió como sencillo muchos ridiculizaron el tema a pesar de reconocer con sorpresa el dominio de esa clase de ritmos por parte de la banda. Lo mismo pasó después con “Hot, Hot Hot!!!“. El frikismo les valía sacar de quicio a los críticos de la época, pero el disco en si mismo fue aclamado por la gran mayoría de publicaciones especializadas (sobre todo las de Estados Unidos) alabando su variedad y riesgo. La mayor crítica que recibió fue por su extensión, que a ratos le costaba fluidez.

 

Con todo y eso, el éxito comercial fue indiscutible. Llego al puesto seis en el Reino Unido, fue Top 5 en la gran mayoría de mercados europeos, y entró en el #35 del Billboard 200 de los Estados Unidos. El mayor éxito fue para “Just Like Heaven“, que entró al Hot 100 de Billboard en el puesto 40. Aunque fue por una sola semana, al parecer fue suficiente para que su vídeo (y los de sus otros sencillos) tuvieran bastante rotación a lo largo de los dos años siguientes en MTV.

 

 

Durante la gira mundial (que los llevó hasta Brasil) nuevamente sus adicciones tomaron fuerza, principalmente en el teclista Laurence Tolhurst, lo que obligó a que con frecuencia fuese reemplazado en los conciertos por Roger O’Donnell, quien ya había participado en varios temas de ‘Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me‘. Para el momento de grabar su siguiente trabajo, ‘Disintegration‘, fue despedido por no superar sus problemas de alcoholismo, siendo reemplazado por O’Donnell.

 

Legado

 

‘Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me’ fue clave para abrir el paso al éxito artístico y comercial que terminó siendo ‘Disintegration’ al demostrar que esa capacidad para interpretar otros estilos musicales sin complejos los ponía en una liga totalmente diferente a la de contemporáneos suyos como The Smiths, R.E.M. o U2. Triunfaban con un trabajo donde hicieron lo que quisieron, creando un disco de pop-rock propio de los ochenta sin sacrificar su personalidad, pero sobre todo sin perder completamente el contacto con el naciente rock alternativo. Prueba de eso es que desde Dinosaur Jr. hasta Alvin y las Ardillas tienen versiones de “Just Like Heaven“. Era un primer aviso de esa autenticidad orgánica y descarnada que dominará la música popular durante los años noventa.

 

 

Despues de ‘Pornography‘ es dificil hablar de un legado perceptible en las siguientes generaciones más allá de canciones tremendas. Pero fácilmente podría decirse que sin ‘Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me‘ no habría ‘Doble Vida‘ o ‘Canción Animal‘ de Soda Stereo, o un ‘El Diablito‘ o ‘El Silencio‘ de Caifanes. No es coincidencia que ambos grupos despegaran o alcanzaran su máximo potencial casi al mismo tiempo que The Cure alcanzaba la cima de su popularidad.

 

Podría decirse que ‘The Head On The Door‘ tenia la llave para el estrellato, y ‘Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me’ dejó la puerta abierta para que ‘Disintegration’ entrara. Pero por encima de todo, fue el álbum con el cual Robert Smith nos dijo a todos que The Cure podía despertar emociones mucho más variadas de lo que su look y su trabajo previo pudiesen anticipar. Demostraron que los chicos góticos también podían sonreír y enamorarse de vez en cuando. Y eso estaba muy bien.

 

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