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¿El Día Mundial Del Rock?

Mayo 29, 2017

¿El Día Mundial Del Rock? ¿O el día del status quo?

Por Daniel Ospina
 
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Fue un suceso que deslegitimó mucho de lo que el rock representaba hasta ese entonces. 

 

El Día Mundial del Rock, en conmemoración al histórico Live Aid celebrado el 13 de julio de 1985 en el JFK Stadium de Filadelfia y el Wembley Stadium de Londres. Fue la primera iniciativa de caridad con alcance global, motivada por la hambruna que azotaba Etiopía en ese tiempo. Queen, U2, Phil Collins, The Cars, David Bowie, Dire Straits, Black Sabbath, Duran Duran, Simple Minds, Tina Turner, Madonna, Paul McCartney, Bob Dylan, Sting, Elton John, The Who, Judas Priest, Eric Clapton y un larguísimo etcétera de artistas tomaron parte en esta iniciativa. 

 

Debo decir que nunca tuve en cuenta que ese era el motivo por el cual se celebraba el Día Mundial del Rock, hasta hoy. Saberlo me decepciona, porque Live Aid con todo y sus buenas intenciones carga con dos karmas fortísimos. Uno, el hecho de que según varias ONGs una buena parte de los 100 millones recaudados al ser enviados a Etiopia no fueron utilizados para resolver la crisis humanitaria por parte del gobierno de ese país, sino para hacer una limpieza social en el mismo. Claramente no fue la intención de Bob Geldof y las personas detrás del evento, si bien cabe destacar que a pesar de lo anterior el objetivo se cumplió y ese dinero contribuyó visiblemente a superar la hambruna del pueblo etíope. 

 

El otro karma si está ligado al rock mismo. Simon Reynolds, autor de Post Punk: Romper Todo y Empezar De Nuevo (mejor que se acostumbren, porque en el futuro será una referencia constante en cada cosa que escriba), señaló lo nocivo que fue ese evento para la música popular de la época, al encontrar que se alineaba al oficialismo que en esa época representaban Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que impulsaban la beneficencia privada antes que la gubernamental. Las implicaciones que tuvo esa alineación con los líderes mundiales hicieron que el rock no fuese más que un mero instrumento comercial al servicio del neoliberalismo. 

 

Pero aclaremos: el problema no es que el rock sea comercial, pues desde que se acuñó esa palabra para describir lo que tenían en común Elvis Presley, Little Richard, The Beatles y Jimi Hendrix lo ha sido. Y tampoco es como que el rock tuviera la mayor de las credibilidades luego de que los sueños hippies y punk cayeran victimas de sus propios ideales, pero todavía en ese momento era un sinónimo valido de ser joven. El problema es que esas iniciativas de “nobleza obliga” (como las llama Reynolds) los ponen del lado del status quo frente al cual se rebelaron en primer lugar sus antecesores. Live Aid los incorporó al estado de cosas normal y con eso murió mucho del carácter contestatario del género. O lo que quedaba de él. 

 

Durante el resto de la década se hizo frecuente que artistas como Phil Collins, Simple Minds o Madonna abordaran temáticas sociales en sus canciones, prolongando el efecto Live Aid durante el resto de la década. El metal tampoco se resistió y organizó el Moscow Peace Music Festival a raíz de la caída del Muro de Berlín y el inminente fin de la Unión Soviética con Ozzy Osbourne y Scorpions a la cabeza. Aunque no se centraba en beneficencia, si actuaba al servicio de la “paz mundial” que Reagan representaba en ese momento. 

 

 

Paralelamente los géneros se estandarizaban cada vez más. Existía esa división entre el glam metal, el rock-pop de formula tipo Bryan Adams, el pop con voces apasionadas e inspirado en el soul y el synthpop ya trasnochado. Si existían otras cosas no interesaban a los sellos grandes (no tanto para esperar ventas de 20 millones de copias, al menos). Entre  los cuales existía una cosa en común: todos promocionaban sus discos alternando entre un tema dinámico y una balada. Fuese el género que fuese. 

 

Mientras, en el underground el indie y el college rock con sus manifestaciones derivadas afilaba los cuchillos para contraatacar con el fenómeno Nirvana, que pudo frenar ese status quo tan antinatural para el rock por un tiempo, hasta ser también absorbidos por este. Por eso me muestro un poco en desacuerdo con celebrar el Día Mundial del Rock solo por el Live Aid.  

 

Sí, hubo actuaciones tremendas ese día y las sigo viendo con regularidad por ser referentes indiscutidos en eso imponerse sobre un escenario. Pero a la larga fue un suceso que deslegitimó mucho de lo que el rock representaba hasta ese entonces, implicando que sus valores tuvieran que replantearse en un proceso que tomó unos seis o siete años y aun así, produjo una separación entre los seguidores del rock “clásico” y los que aparecieron inspirados por el éxito de Nirvana

 

Como de costumbre, nadie me lo ha preguntado, nadie me ha pedido que escriba todo esto y no aspiro a nada en particular haciéndolo. Pero es una sensación incomoda esa de celebrar cosas que en realidad carecen de un significado realmente fuerte para aquellos que gustan del rock. Por mucho que pueda llegar a disfrutarlo, saber que en el fondo uno solo reafirma una forma de entretenimiento más deja mucho en qué pensar. 

 

De todos modos si me lo preguntan, el Día Mundial Del Rock debería celebrarse el 24 de noviembre. ¿La razón? Fue un día como ese en 1983, cuando cuatro tipos anticiparon la hipocresía en la que iba a redundar Live Aid y desde entonces, la música popular. Hoy la vida los ha puesto en su sitio y tal vez no tengan la misma fuerza o validez en lo que defienden o atacan (especialmente Morrissey). Pero ni eso les puede quitar el haber sido la banda más honesta y valiente que haya pisado el planeta en mucho tiempo.

 

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