Clásicos

Guns n’ Roses: Appetite For Destruction

Julio 28, 2017

Appetite For Destruction, “you’re gonna die”

Por Daniel Ospina 

 

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Se convirtieron en el equivalente musical de Mike Tyson: auténticos cracks en su campo, pero una amenaza fuera de él.

Que la música hable de la gente o hable para la gente se da una, dos o (con suerte) tres veces por generación. Cambiar la forma en que la gente habla, interactua, piensa y convive con su mundo a través de la música cada vez se torna más complejo con el ruido que se apoderó de Internet en este milenio. Cuando nuestras referencias sobre el mundo eran tan vagas que solo viajando por él lo comprendíamos debidamente, era más sencillo que la música consiguiera ese impacto tan duradero en la gente.

Eso no quiere decir que no existan trabajos que marcaran a las generaciones post-Y2K, pero si les da cierto mérito adicional. Pero al estar inmersos desde hace rato en ese culto al tiempo pasado que siempre fue mejor ese pasado sigue ahí, latente, reverenciado una y otra vez hasta el cansancio, como si todavía se le pudiera sacar más leche a esa vaca. Y lo harán porque la semana pasada el Times Square de Nueva York estuvo repleto de carteles anunciando que Guns N’ Roses, los responsables de lanzar el debut más electrizante de los años ochenta celebraron el viernes el 30 Aniversario de ‘Appetite For Destruction’, un trabajo que en si mismo toma como punto de partida ese “pasado mejor” para cambiar por completo los paradigmas sobre los cuales se sostenía el rock de los ochenta, y abrir paso (a su manera, claro) a los que sostendrían los años noventa.

 

Contexto

 

Poison y Bon Jovi dominaba el panorama musical para la época en que ‘Appetite For Destruction’ salió a la venta.

Un día de marzo de 1985 dos bandas sin mucho éxito en Los Ángeles por esos días, L.A. Guns y Hollywood Rose, se disuelven. Sus miembros toman distintos caminos, y varios de ellos deciden juntarse para armar un grupo nuevo. Axl Rose y el guitarrista Izzy Stradlin, provenían de Hollywood Rose y se convertían en el núcleo alrededor del cual se forma Guns N’ Roses. Los otros tres puestos fueron ocupados por tres ex L.A. Guns: Tracii Guns como guitarra líder, Ole Beich en el bajo y Rob Garner en la batería. Por esos mismos días un músico de Seattle curtido en la escena del hardcore punk llamado Duff McKagan ensaya ocasionalmente con una banda llamada Camino Crew, donde lo acompañaban el baterista Steven Adler y un guitarrista que respondía al apodo de Slash (quien se presentó a una audición para Hollywood Rose y no fue aprobado). La cosa no paso de la sala de ensayo.

Al poco tiempo los Guns N’ Roses dieron su primera presentación, pero también muy rápidamente Beich se baja del bus para dejarle su lugar a McKagan. Garner y Guns también dejan la banda pronto por diferencias con Axl (acto seguido reformarán L.A. Guns y conseguirán un éxito moderado a fines de la década), por lo cual Adler y Slash ocupan sus lugares. Por ese entonces vivían en el apartamento de una amiga de la banda, Vicky Hamilton (más adelante su manager) quien soportó las continuas parrandas de sus miembros, así como los consecuentes excesos con el alcohol y las drogas. Eso si, era una vida de rockstar sin el sustento económico. Por eso la composición, las relaciones personales (fuesen para cortejar groupies o los típicos cruces con desconocidos en una ciudad tan cosmopolita como Los Angeles) y los excesos dejaban muy buenas ideas para componer canciones.

Al año siguiente Geffen Records los firma al notar el potencial de la banda en vivo así como su notable diferenciación estética y musical con respecto al predominante glam metal. Prueba de eso fue el EP que publicaron a fines de 1986 para generar expectativa mientras grababan su álbum debut: ‘Live ?!*@ Like a Suicide’. Incluye dos covers (“Mama Kin” de Aerosmith y “Nice Boys” de Rose Tattoo) junto a dos temas compuestos por Axl e Izzy, “Move To The City” y “Reckless Life”.

El EP no fue un éxito, pero fue suficiente para abrirles las puertas a Europa: para 1987 hicieron tres fechas en el Marquee Club de Londres. Unos meses antes tocaron en el mítico Whiskey A Go-Go de Los Ángeles, tocando temas de ‘Like A Suicide’ pero también varios del nuevo álbum que se metieron a grabar en marzo de 1987 con Mike Clink en la producción, luego de considerar a “Mutt” Lange y Paul Stanley de Kiss para ese trabajo. En el caso de este último, curiosamente, se le descartó porque quería sacar a Steven Adler de la banda.

 

 

El disco

 

Ese estilo primitivo y arrollador presente en ‘Appetite For Destruction’ apareció mezclando la influencia esencial de dos bandas ya consolidadas en el panteón del rock como son The Rolling Stones y Aerosmith con una mirada más callejera de ese sonido. La misma se valía del punk y un estilo de vida menos glamuroso que el de unos Poison o unos Def Leppard, pero igualmente lleno de excesos. Hablaba de la vida en Los Ángeles, yendo más allá de parrandas o relaciones sentimentales y a cambio se fijaba en la experiencia tan potente de vivir en una ciudad tan grande como esa para tipos que venían del centro de Estados Unidos, donde lo más loco que podía pasar era probar la marihuana a escondidas de los papás. Podían ser experiencias perturbadoras (“Welcome To The Jungle”) o memorables desde todo punto de vista (“Paradise City”).

Siendo en esa época un grupo de verdad y no solo Axl ejerciendo de dictador, Guns N’ Roses sacaba su mejor versión. Stradlin y su estilo medio punk-medio blues en la guitarra fue el genio detrás de esa mirada callejera hacia el hard rock precedente. Los golpes de Adler en la batería tenían arandelas, locura, y contundencia. No era punk, hard rock, o glam metal lo que aportaba, pero era una justa combinación de todo eso. Los solos de Slash destacaron por su corte más descarnado en comparación con los del glam metal, donde generalmente se escuchaban puros émulos de Eddie Van Halen. El mismo Axl dejaba patente su habilidad para usar graves y agudos a su antojo. Por ultimo, el bajo de McKagan era lo que mantenía unido ese pandemonium con un estilo práctico pero de igual manera  potente.

Pero la instrumentación era solo el combustible para que las letras pegaran con fuerza en el oyente. A veces con la polémica de por medio, en las letras resulta sencillo darse cuenta de lo que pasaba por la cabeza de los miembros al momento de grabar ‘Appetite For Destruction’: se trataba de volver a enfadar al mundo, a recordar por qué el rock fue la música que odiaban los padres en el pasado, pero también recordar los logros que lo hicieron perdurable más allá de la rebeldía. Todo partiendo, insistimos, de su experiencia viviendo con poco en una de las capitales universales del rock.

Todo eso, capturado en LA primera canción de un álbum por excelencia.

 

 

A lo mejor tendría que mencionar a Metallica, Aerosmith, Oasis, Nirvana o algún grupo por el estilo si hablamos de comienzos atronadores en un álbum de rock, pero “Welcome To The Jungle” sigue siendo hoy un arranque de adrenalina y furia insuperables. Hablar de esa canción es hacerlo con “la primera canción de rock que escuché” para muchas personas. Es hablar de un tema que apareció en infinidad de elementos en la cultura popular (desde películas como La Lista Negra hasta videojuegos como Guitar Hero o Grand Theft Auto).

Cuando la banda vino a Colombia en 1992 esa noche que dejó disturbios por aquellos que se quedaron afuera del Estadio El Campín, se sabe que uno de los oficiales encargados de la seguridad tuvo un pre-infarto cuando la banda comenzó su presentación con “Welcome To The Jungle” y desató los disturbios entre los que se quedaron por fuera. No es para menos que produjera un efecto así en la gente, con esa entrada inquietante y cargada de suspenso que evoluciona hasta volverse una fuerza de la naturaleza.

Será difícil superar algo así, pero estamos hablando de un clásico del rock. De todos modos, “It’s So Easy” compuesta por Duff McKagan (algo evidente con el bajo que abre la canción) mantiene bien arriba el aura dejada por “Welcome To The Jungle” alternando entre momentos llenos de voltaje con otros más calmados. Luego aparece “Nightrain“, donde rinden tributo a sus parrandas en general, y particularmente a un vino barato que compraban en las paradas de gasolina a falta de presupuesto para algo más fino. Si Aerosmith y Chuck Berry colaboraran en una canción, el resultado sería esa canción. Por momentos los cambios de ritmo van y vuelven, siempre atados al coro y con las guitarras como protagonistas de toda la acción. Axl no se queda atrás y con su rango agudo como que busca ser una especie de showman-cronista, cosa muy apropiada para lo que era Guns N’ Roses por esos días.

Vamos con “Out Ta Get Me“, donde Axl relata su adolescencia en Indiana metiéndose en problemas con la ley constantemente. Por si sola sirve como la perfecta justificación para que cantara con AC/DC por una temporada. Básicamente es como si Bon Scott hubiese resucitado y le contara a las nuevas generaciones su vida antes de unirse a los hermanos Young. La contundencia aportada por las guitarras de Slash y Stradlin solo refuerzan la sensación de unos “AC/DC 2.0”. Algo subestimada en su repertorio, caso contrario al de “Mr. Brownstone“, escrita por los dos guitarristas en el apartamento de Izzy refiriéndose a la adicción de ambos a la heroína. Nuevamente el registro grave de Axl hace acto de presencia mientras los golpes de Adler le confieren al tema un tono medio exótico junto a la acostumbrada contundencia aportada por el baterista.

 

 

Creería uno que el acto posterior a inyectarse heroína es ingresar a todo lo que cuentan en “Paradise City“. Coescrita por Axl, Slash, y McKagan, es Los Ángeles retratada en una canción donde los excesos, la locura, la coexistencia de comunidades tan distintas entre si (los latinos, los afroamericanos y los blancos), la corrupción, la delincuencia y el abuso de autoridad horrorizan al mismo tiempo que fascinan. El estilo sucio pero intrincado de Slash (sobre todo en la parte frenética del final) da a pensar que así sonarían los Rolling Stones si fuesen norteamericanos. En todo sentido es su “Sympathy For The Devil“.

El álbum prosigue y es hora de “My Michelle“, compuesta por Axl en tributo a una amiga suya que una vez le expresó su deseo de que compusieran una canción para ella. Al principio era una canción de amor, pero en un acto retorcido de esos que nos gusta ver en el cantante, cambió la letra para que fuese una radiografía real de la chica: una drogadicta, sin madre y con un padre trabajando en la industria del porno. La homenajeada contrariamente a lo esperado por Axl aprobó la canción por ser completamente honesto en su enfoque. La batería de Adler vuelve a imponer sus golpes (que casi son “power punches”) manejando la dinámica de la canción a su antojo. La elección de acordes y el coro la ponen en una linea casi power pop. Y digo casi solo porque Stradlin imprime su sello para que vaya más allá.

Vuelve la inspiración rocanrolera a todo lo que da en “Think About You“, compuesta por Stradlin y donde este asume la guitarra líder en lugar de Slash. Los alaridos de Axl complementan perfectamente ese tema, que constituye un ejemplo de puro y físico sleaze rock, género que despegó precisamente con ‘Appetite For Destruction‘ y dejaría uno que otro ilustre exponente durante los siguientes cuatro o cinco años. Por suerte para el legado de Guns N’ Roses, ellos iban más allá de una simple tendencia. La prueba se encuentra en la siguiente canción.

 

 

En muchos sentidos “Sweet Chile o’ Mine” fue rupturista a la vez que una linea lógica de sucesión con el rock que los precedió y los inspiró. Rupturista al recordar en medio de la formula predominante de “canción pesada” y “power balada” todavía se podían escribir canciones de amor muy melódicas sin sacrificar la fuerza de las guitarras. A la vez se mostraba como una sucesión de los grandes temas de Queen, Elton John o los Stones que no sacrificaban la fuerza por hablar del romance.

Hay algo en lo que siempre estuve de acuerdo con Axl: la versión recortada que aparece en el vídeo que alcanzó rotación en MTV jode mucho del espíritu de esa canción. Ese punteo lento de Slash al principio cuando se junta con todos los instrumentos (y ni hablar del solo) le confiere ese sello imborrable que tienen las grandes canciones de rock. Los golpes de Adler son elementales pero efectivos. Izzy y Duff atrás hacen de escuderos para que Axl de lo mejor de si mismo, y de paso anticipe que es capaz de mostrar un gran rendimiento vocal y compositivo con más variaciones del rock, tal y como se escuchará en los ‘Use Your Ilusion’.

Nuevamente el hard rock vuelve a poner los picos de adrenalina a tope con “You’re Crazy“, donde Stradlin deja su sello punk-blues un rasgueo tras otro. Aparentemente Axl no quedó muy satisfecho con el resultado, y es por eso que un año más tarde en ‘G N’ R Lies’ reinventa la canción en formato acústico. Luego nos encontramos con una “Anything Goes” coescrita por un miembro de Hollywood Rose, el guitarrista Chris Weber, donde destaca la distorsión vocal aplicada a la voz de Axl y por momentos el tono rocancrolero a lo AC/DC.

Para cerrar el telón de ‘Appetite For Destruction’ tenemos a “Rocket Queen“, inspirada en una figura prominente de la escena angelina que con solo 18 años en ese entonces era un referente para toda la banda. Pasa de una primera mitad más bien atmosférica a una segunda que por momentos coquetea con el blues y en otros con algunas melodías que bien se le podrían escuchar a Queen. El bajo de McKagan es lo más destacado de la canción, por tener la capacidad de mantener todo junto y al mismo tiempo destacar en el resultado. Curiosamente Slash comentaba que ese riff se lo escuchó a Duff cuando lo conoció, incluso antes de tocar juntos en alguna banda.

Al terminar las grabaciones, estaba el tema de la portada. Y ese tiene una historia bien interesante. Axl decidió bautizar al disco ‘Appetite For Destruction’ por una ilustración que vio en una postal donde aparecía una joven sentada contra un muro, en evidente apariencia de haber sido recientemente violada junto a un robot en plan de chulo. Más arriba aparece un monstruo grotesco con calaveras en las puntas y puñales por dientes como sobrevolando la escena. La PRMC censuró la portada y exigió a Geffen y a la banda cambiarla. Por ese motivo y tomando como referencia a Grateful Dead, la cambiaron por la cruz latina con las caras de los miembros en forma de calavera que hoy conocemos. De todos modos la portada original fue incluida al interior del disco.

 

 

 

Recepción

 

Los álbumes clásicos suelen tener timing, pero no necesariamente fue el caso con este. Cuando se lanzó ‘Appetite For Destruction’, tardó varias semanas en alcanzar algún tipo de logro, en parte por el problema de la portada. Solo hasta el 29 de agosto de 1987 debutó en el Billboard 200, concretamente en el puesto 182. Pasado poco más de un mes logró llegar al puesto 70. Ascendieron unos puestos más en octubre hasta llegar al 60, pero para fin de año no subían con la misma rapidez en los charts. La última semana del Billboard 200 el álbum se encontraba en el puesto 52 a pesar de no contar con el apoyo de la radio y la prensa masivas. Con solo boca a boca llegaron bastante lejos hasta ese momento (cosa que en si misma ya era meritoria) pero estaba claro que había un estancamiento.

La cuestión era, precisamente, la falta de apoyo de los medios especializados. Apenas natural, tratándose de unos vagabundos, borrachos y drogadictos que se alejaban completamente de los Poison, Whitesnake y Bon Jovi dominantes (o algo así). Hasta Mötley Crüe al lado de ellos parecía un grupo con sentido común.

La situación comenzó a cambiar conforme se iban acumulando presentaciones. Primero abriendo para The Cult (y superándolos noche tras noche, al punto que los técnicos de sonido de la agrupación inglesa tuvieron que sabotear los equipos de Guns durante los últimos shows para que la superioridad no fuese tan insultante). Siguieron algunos shows con Mötley Crüe y Alice Cooper con incidentes que incluyeron una habitación de hotel destruida por Slash y un incidente donde Axl fue a golpearse con la seguridad por intentar sacar a un amigo suyo del concierto.

 

 

Luego abrieron para Iron Maiden y se ganaron la enemistad de los ingleses por, igualmente, superarlos en escena; y finalmente con Aerosmith, con quienes el pulso estuvo más parejo. Adicionalmente “Welcome To The Jungle” apareció en La Lista Negra, película donde aparecen Clint Eastwood, Liam Neeson y Jim Carrey. En la misma aparecen incluso los miembros de Guns haciendo un cameo de unos pocos segundos cargando un ataúd.

Todo eso a pesar de la censura de MTV al vídeo de “Welcome To The Jungle“. Se negaron rotundamente a pasarlo por ser especialmente incomodo para la época. El despegue en ventas se tardó varios meses debido a que el vídeo de “Welcome To The Jungle” fue censurado por MTV por considerarlo demasiado violento. Finalmente y luego de una gestión complicada por parte de David Geffen, la cadena aceptó pasarlo un domingo de diciembre de 1987 a las 4 de la madrugada. Se convirtió el vídeo más solicitado en las siguientes 24 horas y en el canal se vieron obligados a pasarlo en prime time. Eso fue suficiente para que la bola de nieve tomara fuerza, y se hizo aun más fuerte cuando “Sweet Child o Mine” y “Paradise City” tuvieron sus respectivos vídeos y estos alcanzaron igualmente bastante rotación. Pasado un año del lanzamiento “Appetite For Destruction’, superó los obstáculos y finalmente logró el #1 del Billboard 200.

En ese entonces la opinión especializada finalmente cayó en la cuenta de esa química explosiva que representaba Guns N’ Roses. Su estilo rudo y fuertemente contrastado frente al glamour predominante en los estadios generó una adhesión de muchos jóvenes a sus figuras, a la par que plasmaban un álbum que ya entonces se notaba que podía competir parejo con cualquiera de los entonces “clásicos” del rock. Miraban con respeto ese baúl, pero sus particulares realidades personales (y su realidad como grupo) le dieron ese toque de autenticidad tan fundamental cuando se habla de ‘Appetite For Destruction’.

 

 

Legado

Para la banda, fue un arma de doble filo. Es verdad que ‘G N’ R Lies’ y los ‘Use Your Ilusion’ mantuvieron la creatividad de la banda a tope, pero el éxito los terminó sobrepasando. Ya conocían la vida de rockstars incluso antes de serlo, pero el dinero y tener tantos fans los sometió como nunca antes al ojo publico de la prensa, mucho más cuando en el festival Monsters Of Rock donde tocaron junto a muchas de las bandas punteras de la época en Donnington provocaron una histeria tal que dos seguidores murieron pisoteados por una audiencia de 100.000 espectadores. La prensa los convirtió entonces en el equivalente musical de Mike Tyson: auténticos cracks en su campo, pero una amenaza fuera de él. Todos eran unos adictos a todo, con excepción de Axl que no cayó tan profundo en adicciones, pero a cambio se convirtió en un neurótico absoluto.

Luego de telonear a los Rolling Stones por cuatro shows, observo que la banda se manejaba con Mick Jagger como su único miembro y el resto eran como sus empleados. Entonces, nublado por el éxito, el hastío de sus compañeros y sus propios problemas personales, decidió que Guns N’ Roses debía manejarse igual. La primera victima de esa nueva actitud suya fue Steven Adler, despedido por no superar su adicción a la heroína, pero no sería la última. La jugada maestra fue hacerles firmar a todos los miembros restantes un contrato donde cedían los derechos de la marca a pocos minutos de subir al escenario de Rock In Rio en 1991. Si no lo hacían, Axl no subía a cantar esa noche. Ya imaginarán el resultado.

 

 

Más allá de eso, si hubo un trabajo que señaló el comienzo del fin para los años ochenta en el plano más mediático, ese fue ‘Appetite For Destruction’. Aunque tuviese la balada de turno, en esencia el disco era pura adrenalina, pura potencia, pura testosterona, puro desenfreno, pura asertividad y sobre todo, pura pasión. Pasión por tiempos más rudos en el rock pero también más desafiantes que el entonces dominante glam metal. Fundó sin buscarlo una corriente que sirvió de transición para los ochenta y los noventa (periodos antagónicos en el rock donde los haya): el sleaze rock. Skid Row, Dogs D’amour, L.A. Guns o Faster Pussycat serían representantes de esa transición, consiguiendo unos más éxito que otros.

Sin buscarlo, anticipó el sonido característico en los años noventa: guitarras al frente, prioridad de lo orgánico sobre lo sintético y una pose más honesta en el sentido de ser descarnada y mostrar la desilusión reinante frente a la revolución conservadora que dominaba el mundo occidental. Más adelante el álbum será tomado como referencia por el revival del hard rock encabezado por bandas escandinavas tipo Hardcore Superstar o The Hellacopters, así como algunas más recientes tipo Buckcherry.

Todo partiendo de canciones que en esencia vienen de la calle, de tipos que fueron a buscar la muerte o la gloria en Los Ángeles y así como gozaron de las quimeras de su época (sexo, drogas y rock & roll) tuvieron que lidiar con brutalidad policíaca, vagabundos, ladrones y un choque cultural que incluía razas y orígenes siempre distintos. Todo eso alimentó un álbum que si se hubiese lanzado hoy en medio de progresismos y posturas políticamente correctas probablemente tendría el mismo impacto chocante que tuvo en los ochenta.

Aquí va “Nightrain“.

 

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