Entrevistas

Hermanos Menores: Psicodelia violenta colombiana

agosto 5, 2018

En esta oportunidad les traemos a Hermanos Menores, una de las mejores bandas colombianas, ellos combinan los sonidos del punk, el kraut-rock, el noise y la improvisación libre. Conformada Daniel Piedrahita (Guitarra), Alejandro Solano (Bajo), y Sergio Moreno (Batería), cuentan hasta el momento con un EP: ‘Entonces vi dos medusas’  y el álbum “Campoamalia”, material que hemos recibido de forma agradable por su variedad. ¿Quieres conocerlos? Pues aquí tienen una extensa entrevista con dos de los miembros de la banda que muy amablemente respondieron a cada una de nuestras inquietudes y nos dieron una idea clara de su propuesta musical e ideológica, también hubo tiempo para reflexionar sobre temas que afectan a Colombia.

“Tenemos como principios absolutos la autogestión y la independencia, el espíritu punk del DIY (¡hazlo tú mismo!), la economía colaborativa. Buscamos permanentemente mantenernos al margen de las lógicas del gran mercado, sobre todo de las presiones de las industrias culturales actuales”.

 

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-¿Cómo es el proceso de la composición?

Considero que son tres las maneras en las que abordamos el proceso de composición en la banda. La primera, quizás la principal, cabría llamarla “creación colectiva”: me refiero al hecho de que las canciones y las piezas surjan en diálogo en la sala de ensayo, entre cada uno de nosotros aportando permanentemente ideas desde nuestro instrumento con la intención de que, poco a poco, por “ensayo y error”, vaya surgiendo una composición coherente. Por lo general estos procesos de composición colectiva in situ, en el lugar y en el acto, parten de un bosquejo preliminar que aporta alguno de los integrantes: una frase de guitarra, una melodía, un ritmo de batería. Con ese trazo preliminar empezamos a dibujar entre todos.

También solemos apelar al jam, a empezar a tocar a ver qué pasa, pero en realidad hemos descubierto que el proceso es mucho más satisfactorio si arrancamos de una idea preliminar más o menos elaborada. El segundo modo lo hemos puesto a prueba recientemente: se trata de “ensamblar” una composición completa (no ya una mera idea preliminar) que le plantea alguno de nosotros a los demás. Daniel, el guitarrista, ha sido muy diligente en este respecto. En todo caso, siempre estamos en diálogo permanente: tenemos libertad desde cada instrumento para “dialogar” con la composición que él nos propone. El tercer y último modo en el que componemos es la improvisación libre. Este lo exploramos, sobre todo, en nuestras presentaciones en vivo. Se trata de componer en el momento, frente al público y entre nosotros, escuchándonos en tarima y reconociendo que son composiciones que se agotan en su ejecución en vivo y que, por ello, son irrepetibles. En realidad apelamos a la improvisación libre en momentos determinados, por ejemplo, para plantear transiciones entre canciones. Pero últimamente hacemos de la improvisación libre parte esencial de nuestras más recientes composiciones. Un ejemplo breve: nuestra canción “Un cadáver en la hierba” consta de tres secciones, la segunda de las cuales es pura improvisación libre: depende de nosotros, cada vez que la toquemos, ver cómo conectamos coherentemente la primera y la última sección con un pasaje improvisado por completo y que siempre será distinto. [Alejandro Solano, bajista]

 

 

-¿De dónde surge la inspiración para su música?

Procuramos expresar por medio del sonido nuestra propia situación: esa misteriosa concatenación entre circunstancias personales, históricas, culturales, sociales que componen la existencia de todo ser humano. Dado que nuestra música es primordialmente instrumental, considero que si hay algo que nos “inspire” es el hecho de dar con un sonido, con una atmósfera o con una melodía que, sin mediar palabra alguna, resuene con nosotros mismos. En nuestro caso, siendo tres jóvenes de la ciudad de Bogotá nacidos en los primeros años de la década de los noventa, supongo que si resonamos con el sonido que creamos ello se deberá a que hemos dado con una expresión musical que manifiesta de una manera misteriosa, oculta, nuestra situación concreta en el mundo. Personalmente, me resisto a buscarle una explicación racional a ese fenómeno. De momento no hemos buscado hacer música conceptual: no partimos de una idea racional para luego hacer música que la comunique. A lo sumo, como en el caso de “Campoamalia” en el que apelamos al espíritu de violencia en la historia colombiana, creo que fue la música y el sonido, una vez consumados, los que nos remitieron a ese discurso. Dudo que suceda lo contrario, que vayamos del discurso a la música. [Alejandro Solano, bajista].

 

-¿Qué equipos utilizan?

Como banda no contamos con un backline propio, así que solemos ajustarnos a los equipos de los que dispongamos en cada ocasión, al grabar o al tocar en vivo. Creo que esa situación de no estar en control, de estar a merced de los equipos que haya, nos recuerda la gran verdad de que no somos amos ni señores de lo que ocurra: en buena medida, siempre debemos entregarnos a lo que el instante disponga. Ahora bien, sí tenemos ciertas preferencias puntuales: somos amigos de los equipos análogos. Nos gusta mucho el timbre de los amplificadores a tubos. A mí me encantan los amplificadores Ampeg, y añoro el día de poder tocar en un Green o en un Sunn monumental, Daniel y yo (guitarra y bajo) experimentamos mucho con diversos pedales y efectos que hemos asumido como extensiones de nuestros instrumentos. Sergio (batería) también experimenta con diferentes maneras de disponer los platillos, armando, por ejemplo, stacks poco convencionales. ¡El otro día armó un hi hat con dos rides! Responderé de manera más concreta en el caso del bajo: toco un Fender Jazz Bass American Standard al que aprecio mucho (soy zurdo, y la oferta de buenos bajos eléctricos zurdos es escasa). Mis pedales: un afinador cromático Boss, un SansAmp que utilizo como ecualizador, una distorsión DS-1, un Bass Chorus Boss, y un Memory Boy de Electro Harmonix (delay análogo). [Alejandro Solano, bajista]

Yo utilizo una Guitarra Gibson LPJ 2013 gringa, un afinador X-vive hecho en china que para algunos guitarristas resultará problemático por ruidoso, un delay estereo de Rockerbox al que llamé ‘Baobab’, fue hecho por encargo acá en Colombia y es el culpable de que todo se me salga de control, un doble función (fuzz y trémolo) de Wlarus que parece un atari y que es en buena medida el gran aportante al sonido de las guitarras en Hermanos Menores junto con un delay Carbon Copy de MXR y una reberveración Holy Grail de EHX. Pero la cadena puede variar. A ratos, si quiero hacer más bulla utilizo un looper de X-vive, también chino y muy precario pero muy bueno para volver trizas la señal de la guitarra. [Daniel Piedrahita, Guitarrista] 

 

 

-¿Cómo definirían su sonido?

Nuestro sonido es el resultado de la conjunción de las más diversas influencias musicales. Daniel y yo venimos de la escuela del thrash metal y el hardcore punk. Sergio, quien en un momento tocó hardcore, se ha formado y se desempeña en la escuela del math rock y el post rock con la banda Montaña (además es un erudito del hip hop contemporáneo). Por mi lado también toco en Cóndor, banda de death metal-doom, y Daniel en Inversión Interna de la Tibia, banda de free metal o metal improvisado (junto a nuestro entrañable Juan Manuel Jaramillo Lleras). Así que el sonido de Hermanos Menores es fruto del encuentro (¡o del choque a las malas!) de estas diversas orillas musicales. Ahora bien, algunos de los géneros que se aproximan a una descripción general de lo que hacemos y que hemos asumido como referencias: noise, drone, ambient, stoner, post-rock, dub. Buscamos, a su vez, moldear estos sonidos con ciertos atisbos de los ritmos folclóricos de los Andes y del Caribe. En nuestra canción “El perro sordo ya no escucha su ladrido” se adivinará sin dificultad una cumbia y un tributo a Carmelo Torres. En una palabra: el sonido de Hermanos Menores es “psicodelia colombiana violenta del Siglo XXI”. Un comentario adicional: ¡amamos los decibeles! [Alejandro Solano, bajista]

 

-¿Cómo logran ese sonido?

Puntualmente: escuchándonos entre nosotros. Dialogando y descubriendo permanentemente. Respirando profundo antes de empezar a tocar. No se trata sólo de escucharnos entre nosotros tres, sino también de escuchar y dialogar con el público y con quienes colaboran con nosotros en escena. Sergio es un baterista violento y yo me considero un bajista violento también: tocamos duro y fuerte. Daniel es un guitarrista versátil: tiene una manera única de aproximarse a la guitarra. Procuramos, por lo tanto, tener una base rítmica sólida para darle a Daniel la mayor libertad posible. Como dice nuestro querido Soy Un Inversau, de Tristán Alumbra: nos montamos constantes en un caballo. El secreto está, creo yo, en saber en qué momento, y qué tanto, soltarle las riendas. Es algo que hay que continuar aprendiendo, y yo aún debo mejorar mucho en ello. En particular, yo busco una ecualización que resalte los registros medios. También me gusta (ab)usar de la ganancia. Aún lucho por encontrar una distorsión que me satisfaga. [Alejandro Solano, bajista]

 

-¿Qué fue lo más difícil de la grabación de “Entonces vi dos medusas”?

Todo fue dificil dadas las circuntancias en las que me encontraba. Vivía en Zagreb, Croacia, lejos de la banda, con una cantidad de tiempo libre y muchas ganas de hacer un disco de música electroacústica. Pero no contaba con dinero ni los equipos adecuados para una super producción (que en cualquier caso no era lo que buscaba). A duras penas tenía mi computador con garageband y una guitarra acústica que mi ‘roomie’ había comprado en dos piezas por 120 kunas y la había pegado con una especie de super bonder. Quería hacerle frente al experimento y el resultado fue E.V.II.M. Para ser honestos, mirándolo en restrospectiva no hay nada del proceso que hoy hubiera hecho diferente. [Daniel Piedrahita, Guitarrista]
 

-¿Quieren transmitir algún mensaje con su música? 

Siendo nuestra música en buena parte instrumental, no pretendemos transmitir un discurso concreto con ella. Pero tampoco quisiéramos que nuestra música desembocara únicamente en la producción, en nosotros y en el público, de emociones que se agotan en sí mismas. Si algún mensaje hay que rastrear en Hermanos Menores, creo que habría que encontrarlo en el nombre de la banda: así denominan los pueblos originarios de la Sierra Nevada de Santa Marta a quienes no la conciben como centro del universo.

Hermanos Menores somos todos aquellos quienes, por cuenta de circunstancias existenciales e históricas que nos desbordan, ineludiblemente vivimos en la Modernidad, la padecemos y, como si fuera una maldición cósmica, la perpetuamos sobre nosotros mismos y sobre otros pueblos y otras formas de vida.

Quisiera pensar que Hermanos Menores es un grito contra la Modernidad desde la Modernidad: ¡un grito de guitarras eléctricas distorsionadas! Ahora bien, con ocasión de esta entrevista permítaseme transmitir un mensaje concreto: ¡Sí al decreto que delimita la ‘Línea Negra’ en la Sierra Nevada de Santa Marta! El gobierno Santos tiene la responsabilidad de garantizar el territorio sagrado, cultural y natural de los pueblos originarios (Arhuacos, Kankuamos, Wiwas y Kogui) que viven en la Sierra y que no han dejado de vivir en ella desde los albores del pueblo Tayrona/Teyuna. La “polémica” de los últimos días que han elevado gobernadores y gremios empresariales ante la firma del decreto, argumentando que pone en peligro la “actividad productiva” y el “desarrollo” de la región, no es sino manifestación de su podredumbre espiritual. Lo último que les importa es la integridad de la Sierra. Aquí no hay polémica: hay un puñado de personas ajenas a la vida en la Sierra que temen por sus negocios. Si de ellos dependiera, talarían el último árbol, represarían el último río y despojarían a la última comunidad de la Sierra con tal de rendir utilidades. Temo que, si el decreto no se firma antes del 7 de agosto, difícilmente el uribismo de vuelta en el poder lo haga. Ojalá me equivoque. [Alejandro Solano, bajista]

 

-¿Existe espacio para la política en su música?

Por supuesto. Pero debo matizar: no somos una banda de música “política” al modo en que lo son otras corrientes musicales que nos nutren y que seguimos de cerca. Pienso en el hardcore punk libertario o en la tradición de la Nueva Canción Latinoamericana, del cantor y el artista comprometido. Esto se explica, en buena medida, en el hecho de que no tenemos letras que sean vehículos de consignas y compromisos políticos concretos. Ahora bien, sí somos una banda política en nuestra manera de hacer las cosas: tenemos como principios absolutos la autogestión y la independencia, el espíritu punk del DIY (¡hazlo tú mismo!), la economía colaborativa. Buscamos permanentemente mantenernos al margen de las lógicas del gran mercado, sobre todo de las presiones de las industrias culturales actuales. No nos gustan los intermediarios corporativos a la hora de plantearnos las relaciones con los demás. Nuestro más reciente ímpetu, dado el neoliberalismo rampante en Colombia y que se acentuará (si es que puede acentuarse más) con el próximo cambio de gobierno es el siguiente: ¡no a la economía naranja! Así mismo, aún tenemos deudas desde nuestra posición de músicos con muchas causas y sectores de la ciudad: queremos abrirnos a otros espacios culturales, a otras lógicas y a otras causas para hacer música [Alejandro Solano, bajista]

 

-¿Cómo fue el proceso de grabación de Campoamalia?

Fue una experiencia invaluable. Partimos de lo que Daniel logró en “Entonces Vi Dos Medusas” para ir encontrando un sonido propio en formato bajo-guitarra-batería. El disco lo grabamos durante una semana en diciembre de 2016 en Subachoque, Cundinamarca, en la casa en la montaña de Andrés Gutiérrez, entrañable productor e ingeniero de “Campoamalia”. No transformamos la casa en un estudio. Esta no dejó de ser lo que es. ¡Simplemente grabamos en casa! La batería en la sala, los amplificadores en los cuartos y el “control room” en la cocina. Fueron días de amor y convivencia, en función de la música y el sonido las veinticuatro horas. Creo que el disco captura el espíritu de esa pequeña comunidad de artistas y amantes suspendidos en el tiempo. El Colectivo Bareque hizo parte del proceso. Ellas realizaron el retrato audiovisual de esos días de grabación en el corto documental: “Bitácoras de Campo Amalia: HERMANOS MENORES” (disponible en youtube). En resumidas cuentas, fue un proceso artesanal, independiente, en un espacio no convencional que nos permitió rendirle tributo sonoro a la vida rural. Con el mismo ahínco, desde el principio proyectamos la edición del disco en formato LP de doce pulgadas. ¡Aún hay copias disponibles! [Alejandro Solano, bajista]

 

 

-¿Cómo se ve reflejada Colombia en su trabajo?

Se ve reflejada en esa contradicción permanente de nuestra propia vida: rendirle homenaje al campo, a los pueblos originarios, y a las formas de vida en comunión con la Tierra por medio de música instrumental eléctrica, contemporánea, noisera. La contradicción del espíritu colombiano resuena en la contradicción de Hermanos Menores. [Alejandro Solano, bajista]

 

-¿Cuáles son sus canciones favoritas de la banda?

La mía es “Campoamalia”, pero recientemente disfruto mucho “Un cadáver en la hierba”. La de Daniel es “Cusumbosolo”. La de Sergio es “Un jardín de Baobabs”. ¡Pero la pregunta es cruel! [Alejandro Solano, bajista]

 

-En cuanto a sonido e ideas creativas: ¿Existe el punk en lo que hacen?

¡Sin duda! Los invito a escuchar “Cusumbosolo”, por ejemplo. En nuestra música nos aventuramos repetidas veces en los terrenos de la velocidad, lo cual se explica en el hecho de que amamos el lenguaje musical del punk y, sobre todo, del hardcore punk. Tanto así que el disco favorito de Slayer de Daniel es “Undisputed Attitude”, el cual se compone de covers de grandes bandas hardcorepunkeras de los ochenta (no entiendo cómo no es “Reign in Blood”). ¡Incluso, Sergio le rinde tributo en su vida a la oveja negra de Minor Threat! [Alejandro Solano, bajista].

 

 

-En términos de política, música y tecnología: ¿Qué les parece el siglo XXI?

A grandes rasgos, siento que el siglo XXI es el drama agudo y desbocado del sin sentido de la vida humana. A mi modo de ver, este siglo es la exacerbación de la modernidad, esto es: de la separación entre la humanidad y su medio natural, y de la separación entre los seres humanos mismos. Semejante ruptura explica, creo yo, esa experiencia del sin sentido. Desde un punto de vista político y social, considero que la absoluta globalización y digitalización del mundo contemporáneo no es nada que haya que celebrar y promover: todo lo contrario, es algo a lo que hay que hacerle frente. Considero que el discurso imperante de “apertura”, “desarrollo”, “libre mercado”, “Internet en todos los rincones”, es la gran mentira neoliberal: no es el triunfo de la libertad individual sino, más bien, es el triunfo del totalitarismo en su máxima expresión porque su consecuencia directa es la imposición de una sola forma de vida homogénea –globalizada, sin raíces, digitalizada, de comida de supermercado– y la destrucción de formas de vivir diferentes, locales, ancestrales. Ni hablar de la destrucción del mundo natural y de la trivialización de las relaciones humanas por cuenta de las “redes sociales”.

Ahora, como somos personas que viven en el corazón del siglo XXI (vivimos, después de todo, en una ciudad que tiende a ser “cosmopolita”), considero que una vía de reacción a la debacle humana actual es utilizar las herramientas tecnológicas y digitales en procura de esas otras formas de vivir. Y el gran reto: no sucumbir al nihilismo ni a la desesperación, por más nihilistas y desesperados que nos sintamos.

Sobre la música en el siglo XXI: ¡por fin, un rincón de optimismo! En ningún momento se ha dejado de hacer música que valga la pena, y quien ceda a la nostalgia mal dirigida de que “todo tiempo pasado fue mejor” en la música, sencillamente no está parando oreja a todo lo que ocurre ahora. Claro, a lo que ocurre más allá de MTV, si es que el canal todavía transmite música. [Alejandro Solano, bajista]

 

-¿Qué sigue inspirándolos?

La vida en la Tierra. Que la emoción por la música y el arte aún sigue intacta, al margen de la destrucción. [Alejandro Solano, bajista]

 

-¿Qué esperan de la banda en el futuro?

En el futuro más cercano: tener una aventura inolvidable en nuestra primera gira fuera del país. El 21 de agosto partimos rumbo a México para el “DZULÚM TOUR 2018”. Esperamos volver con grandes historias. También aspiramos a grabar a nuestra vuelta el segundo disco de larga duración. Muchas de las canciones que en él figurarán ya hacen parte de nuestro repertorio en vivo. Así que les extendemos la más calurosa invitación a que vengan a pillar a Hermanos Menores. Y muchas gracias por el apoyo incondicional, y a Nova Crónica por este ejercicio de reflexión a partir de preguntas importantes y urgentes. [Alejandro Solano, bajista]

 

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