Crónicas

Iggy Pop y otros cuentos

Mayo 29, 2017

Iggy Pop en Bogotá: El frontman por excelencia y otros cuentos

Por Daniel Ospina

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No era un jueves normal, y no era una semana normal.  Pero claro, la ansiedad y el protagonismo se lo llevaba en mi cabeza Iggy Pop en el primer (y probablemente último) show que da en Colombia.

 

Ese jueves la cosa aun se veía preocupante, pero también escuchaba en la fila que la localidad de Platino estaba prácticamente agotada. Al momento de ingresar y hasta las 8 y media de la noche el Royal Center pintaba medio vacío. Pero después de esa hora la cantidad de gente aumenta considerablemente, ya fuese porque llegaba la gente de ver un partido de fútbol de Colombia, bien porque hubo boletas vendidas en los últimos minutos. Al final la cifra aproximada de asistencia fue de unas 2.500 personas. A las 7 comenzamos el ingreso al teatro sin problema.

 

Mientras llegaba la hora de que empezara el show se escuchaba una selección musical que iba entre blues, algo de garage rock sesentero y R&B o soul de los sesenta. Por lo que pude captar con mi Shazam, hasta hubo tiempo de poner música de Brian Eno en solitario. Muy coherente todo con lo que ha sido Iggy Pop por encima de todo: un tipo valiente, dispuesto a chocar descamisado contra el mundo sin importar las consecuencias y disfrutando el proceso.

 

Eran las 9 de la noche pero Iggy todavía no salía. Los técnicos seguían probando sonido. Se comenzó a notar la impaciencia pero el buen ambiente no decayó. Finalmente a las 9 y media los técnicos se van, los músicos toman repentinamente sus puestos y con la primera distorsión de guitarra el frontman definitivo del rock sale al escenario y como saludo lanza un escupitajo a la audiencia. El delirio es total.

 

El arranque es demoledor y sin rodeos. Tres clásicos al hilo, “I Wanna Be Your Dog”, “The Passenger” (con “surfeo en el público” incluido) y “Lust For Life”. No se necesitó más para detonar la dinamita que tenia acumulada la audiencia y que necesitaba sacar de su cuerpo a toda costa. Un tipo bien acuerpado con restas y más agresivo que el resto de gente que se movía violentamente y por todos lados, intentaba con fuerza bruta armar un pogo que no se terminaba de dar posiblemente por el espacio tan reducido. 

 

Me preocupaba ese arranque porque pensaba que a lo mejor la gente solo iba por esas canciones y el ambiente iba a decaer. Por fortuna me equivoqué, no solo porque en esa tónica nos mantuvimos todos hasta las 11 de la noche que terminó el concierto, sino porque a pesar de que “Five Foot One” no es una canción tan distinguible en el catalogo de Iggy, a ese ritmo post punk tocado con intenciones hard rock no se pudo resistir nadie. Musicalmente hablando fue el mejor momento del show. Con “Sixteen” nuevamente sentimos ganas de saltar, aunque sin saber realmente cómo por ese ritmo más contenido pero igualmente energético de la canción. Como que decidimos movernos hacia los lados y empujarnos para mantener el sentimiento de comunidad que ya se apoderaba de todos nosotros.

 

La dinámica se mantuvo con “Skull Ring”, volviendo al tono más tradicional del principio. La cara de Iggy lo decía todo: disfrutaba y jugaba con un publico demente, adicto, entregado a sus locuras. Cabe anotar que en esa canción me tomé revancha del tipo de rastas metiéndole una patada en toda la pantorrilla.

Llega otra de The Stooges, “1969”, donde los movimientos de Iggy continúan dejando boquiabierto a todo el Royal Center. No solo costaba creer que un tipo que ya llegaba a los setenta tuviera esa vitalidad, sino que parecía absurda su capacidad para incitar al publico a sacar sus peores instintos. No dirigía demasiadas palabras al público, pero tampoco importó. Después de todo no queríamos que se le acabara la batería únicamente hablando.

 

Mientras eso ocurría, un tipo calvo, barbudo y medio gordo que parecía fotógrafo decidió meterse entre la gente que se empujaba. Otro tipo lo empujó con bastante fuerza, mientras él respondía empujándolo y mandandole un puño a toda la cabeza. El otro disimuladamente respondió al reto y así siguieron hasta que ambos se perdieron entre la gente. Probablemente se calmaron ambos un poco con “Sister Midnight”, donde hubo tiempo de hacer mímica de guitarras con ese riff tan hipnótico que sostiene toda la canción.

 

Luego de eso, mi momento de gloria. Iggy lanza una especie de monólogo que termina con el grito de guerra que más esperaba escuchar esa noche: “‘cause I’m a real wild one, wild one, wild one”. 

Iggy se baja a cantarla con el público, corriendo de un lado a otro como para asegurarse de que todos participen. En esos tres minutos perdí la poca cordura que me quedaba mientras saltaba y gritaba a ese ritmo. Y para ser sincero, no son tantas las veces que me he dejado llevar por las narices de esa forma en un concierto, así que eso debería dar una idea de lo intenso que fue ese momento.

 

Luego de una breve pausa Iggy toma una silla y el tono medio cabaretero de “Nightclubbing” dice presente. Realmente era extraño ver al hombre moverse como ese maestro de ceremonias en plan Moulin Rouge, pero descamisado. Era como si la heroína que inspiró esa canción lo hiciera pensar que era ese personaje. 

El rock and roll frío pero irresistible hace presencia en “Some Weird Sin” y “I’m Bored”, aunque por la ejecución en vivo parece que le hubiesen metido anabólicos a los parlantes o algo así, porque el sonido retumbaba con una fuerza irresistible. Anabólicos que por cierto parecían desintegrarse poco a poco entre las distorsiones opresivas de “Mass Production”, una que francamente no esperaba escuchar esa noche. Insisto en que aun si la gente conocía o no estos temas, era imposible resistirse a moverse a ese ritmo entre el gran trabajo de los músicos en vivo y un Iggy que todo el tiempo nos incitaba a mantener ese ambiente desquiciado durante toda la noche.

 

Terminaba la primera parte del concierto mientras me quitaba el sudor de la cabeza. Era absurdo, ridículo, de otro mundo lo que estaba presenciando. Sin importar si el asistente estaba atraído por el lado más rock o el más hipster, Iggy estaba dando una cátedra sobre como apoderarse de un escenario y de una audiencia que muy posiblemente solo tendría esta oportunidad para verlo en un concierto, No se me ocurría de qué otra forma podía complacerme o sorprenderme esa noche. Pero al verlo salir para la segunda parte del show entre un estruendo de guitarras, presentí que hallaría la forma.

 

Para la segunda parte del show comenzó con “Repo Man”, la canción con la que contribuyó a la película del mismo nombre, para dar paso prácticamente sin respirar a “Search And Destroy”. Con toda seguridad fue uno de los dos momentos donde el publicó de las primeras filas se pegó con más fuerza en toda la noche. Hubo instantes donde el piso temblaba de una forma realmente aterradora.

 

Iggy se toma un pequeño respiro con “Gardenia”, la única del ‘Post Pop Depression’ que cantó esa noche, y de inmediato nos suelta una tanda de The Stooges con “Down In The Street”, “Loose” y “Raw Power”. Por un momento pensé que la cosa terminaba allí, pero comienza a sonar un pulso de guitarra que se me hizo conocido. Supongo que casi todo el mundo se dio cuenta también, porque de a poco un rugido de aprobación se apoderaba del Royal Center.

 

Esos primeros acordes de “Candy” me sacaron una lagrima. Miré a mis acompañantes de esa noche que se habían alejado por tantos empujones durante el concierto, y creo que el rostro me delataba. No la esperaba para nada y de un momento a otro la sueltan como si fuese cualquier otra canción. No hubo empujones ni violencia en esa, pero la camaradería entre la gente se hizo inevitable. Había tipos sin camiseta que habían saltado desaforados toda la noche y se abrazaban entre si mientras cantaban el coro. Fue la gran sorpresa de la noche, sin discusión.

 

Sin darse tregua, Iggy se despide y da paso a “No Fun”, un ultimo momento para empujarnos y saltar al ritmo del tipo que llevó el rock a limites que no fueron ni volverían a ser llevados antes o después de él. Los aplausos y la gente coreando “Iggy, Iggy, Iggy” parecían decirlo todo en ese momento. Así terminaba el que con toda seguridad puede ser el concierto más grande que haya visto Colombia. Diría que incluso en los últimos diez años, pero ya eso es entrar en terrenos más subjetivos.

 

Hay una serie de preguntas inevitables luego de ver con mis propios ojos a Iggy Pop encarnando (como siempre) el papel del frontman por excelencia: Si fuimos capaz de ver un tipo de 69 años con una entrega y una energía prácticamente inagotables ¿Cómo seria ese tipo en plenitud de condiciones? ¿Cómo seria si no estuviera considerando jubilar al personaje? Me cuesta concebirlo, la verdad, porque parece que tuviese todavía 21. Por eso me gusta pensar que ese jueves Iggy Pop ratificó el protagonismo tan fuerte que tuvieron las guitarras este año. No dio concesiones de ningún tipo ante un público desaforado como pocos que haya visto y aun así se los llevó por las narices como si fuesen unos primerizos en la materia. No pudimos ver a Bowie, a Prince o a Lou Reed por estas tierras, pero se pudo ver a Iggy Pop. Y eso fue suficiente por esa noche.

 
 

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