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LA BALADA “ROCK” DE LA CIUDAD I

mayo 30, 2017

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LA BALADA “ROCK” DE LA CIUDAD I
Por Andrés Garrido
Autor de la novela La balada de la ciudad
Parte I: Diarios

 

 

 

 

Cada vez que escribía una página la vivía como si fuera la última nota de una balada, la última noche en este planeta.

 

Siempre supe que el día que escribiera mi primera novela, el espacio elegido sería la ciudad de Bogotá, Colombia. Por muchas razones, la primera y más relevante es que es el lugar donde nací. Decidí escribir una obra que puede ser considerada una novela de meta ficción, puesto que está parcialmente basada en hechos reales y en entrevistas. Una parte de la novela se identifica con un diario. ¿Por qué empecé a escribirlo? ¿Por qué son relevantes los testimonios de los protagonistas y este diario en mi obra? Porque si nadie escribe la historia, esta no existe y, desde mi punto de vista personal, la que narro en La balada de la ciudad merecía ser contada.

 

Desde el principio empecé a escribir esta novela como si todo se fuera a convertir en una película. Y Rebecca -la estrella de mi novela- era alguien que no se había visto nunca en mi ciudad, o en cualquier otra parte del mundo, porque ella surgió de un mundo de fantasía y éste colisionó con el mundo real. En este sentido me parecen muy sugerentes las palabras de Ralph Waldo Emerson, en su diario escribe este pasaje, que también sirve como epígrafe de introducción en la novela de Henry Miller, El trópico de cáncer: «Estas novelas darán paso, con el tiempo, a diarios o autobiografías: libros cautivadores, siempre y cuando sus autores sepan escoger de entre lo que llaman sus experiencias y reproducir la verdad fielmente».

 

Un libro no es sólo lo que se escribe, también es lo que se observa, escucha y siente; es todo lo que ocurre en un momento importante de la vida, es esa delgada línea que existe entre la imaginación y la realidad. Al empezar a escribir La balada de la ciudad supe que era un momento único y especial, irrepetible en mi vida. Nunca antes había tenido tal seguridad de querer escribir alguna historia en particular, hasta que surgió esta que me escogió para narrarla. Fue como si todas las piezas de un rompecabezas se hubiesen juntando. Ellas se habían alineado en mi favor o en mi contra para mostrarme una señal: ahora era el momento. Cada vez que escribía una página la vivía como si fuera la última nota de una balada, la última noche en este planeta.

 

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El escritor y periodista francés Anatole France, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1921, dice en el epígrafe que sirve de introducción para The Downtown Diaries (el segundo diario) de Jim Carroll: «Todos los buenos autores de confesiones, incluido San Agustín, han estado enamorados de sus pecados».

 

Cuando yo era un adolescente, el diarista, poeta y músico neoyorquino Jim Carroll me fue de gran influencia. Desde entonces comprendí la importancia que puede tener un diario. Es importante porque el tiempo daña la memoria y ésta se extingue con él, los pensamientos de hoy no serán los mismos de mañana. Por ese motivo creo que son relevantes los fragmentos de diarios en La balada de la ciudad. Porque todo ocurre en un periodo concreto de tiempo en la ciudad de Bogotá y no habría podido ser escrito en ninguna otra época o lugar. Porque si la vida no es un libro entonces no vale la pena escribirlo. Yo escogí escribir una balada.

 

Cuando me inscribí en la Maestría de Escritura Creativa ya tenía listo un primer borrador que con el tiempo se transformaría en La balada de la ciudad. Elegí para la novela un narrador-personaje masculino que desgranaba sus conflictos y las problemáticas de la ciudad de Bogotá. Trabajé en este manuscrito algunos años sin que supiera con certeza que iba a terminar en un libro. Los primeros borradores eran más autobiográficos y se podían leer como diarios, con sus correspondientes fechas, con reseñas de los artistas musicales que me gustaban (Morrissey) y datos sobre la protagonista y lugares de la ciudad. Algunas de esas páginas sobrevivieron. Sabía que con trabajo, tiempo y algo de edición podía llegar a funcionar.

 

James Ballard (autor de “El imperio del sol” y “Crash“) apunta lo siguiente, respecto a tomar elementos de nuestra propia biografía: “Siempre he hecho claridad en que “El imperio del sol” es una novela. Es semi-biográfica, parcialmente basada en mi experiencia. Así que la cuestión de si lo que describo en «El Imperio del Sol» es cierto o no es irrelevante”.

 

En la misma entrevista le preguntan: ¿Cuándo usted escribe una historia, tiene que sentirse identificado con los personajes y los eventos que describe? A lo que Ballard responde afirmativamente y añade que, por ejemplo, escribir su controvertida novela Crash (1973) fue una experiencia perturbadora: “Sí, es necesario. Puede ser muy perturbador, por supuesto. Es decir, escribir “Crash” fue una experiencia muy perturbadora porque tenía que imaginarme a mí mismo dentro de la novela para hacerla parecer más verdadera”. Comparto sus afirmaciones.

Lea también: La balada “rock” de la ciudad II

Lea también: La balada “rock” de la ciudad III

Lea también: La balada “rock” de la ciudad IV

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