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LA BALADA “ROCK” DE LA CIUDAD II

Mayo 30, 2017

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LA BALADA “ROCK” DE LA CIUDAD II
Por Andrés Garrido
Autor de la novela La balada de la ciudad
Parte II: Crónicas

 

 

 

 

Tom Wolfe, Truman Capote y el nuevo periodismo constituyen otros referentes que tomé en cuenta. Novelas que nacen de la realidad y la investigación, donde se usan técnicas periodísticas para contar la historia.

 

La Balada de la Ciudad surgió cuando era un estudiante de Periodismo en la ciudad de Bogotá. En una clase de redacción de prensa el profesor invitó a los alumnos a escribir una crónica; tenía que encontrar y entrevistar a un personaje con una historia interesante que contar. Investigué el mundo de la prostitución, interactué con muchas mujeres, compartí tiempo con ellas.

 

Era muy difícil salir por las noches, la ciudad es muy insegura y es peligroso moverse en los sectores de la prostitución. Hubo momentos en los que quise olvidarme del libro pues meterme en ese mundo era un riesgo innecesario. Pero pronto me di cuenta de que tenía mucho material como para dejarlo en una crónica, así que continué y, a medida que el tiempo pasaba, le iba dando forma al manuscrito.

 

Yo era un estudiante que estaba muy interesado en las crónicas, por ese motivo el personaje masculino terminó estudiando periodismo en una universidad de Bogotá como a la que yo asistí, describiendo las posibilidades de entretenimiento y de lo que vive un estudiante sin mucho que hacer un viernes después de clase en esa ciudad. La novela, más que de la prostitución, trata de la soledad, la alienación, de dos personajes que tratan de encontrar un rumbo y una vida en una ciudad con escasas oportunidades laborales.

 

Al principio lo hacía porque me gustaba, era un ejercicio de escritura, pero luego vi que podía llegar a convertirse en una novela. Escribí un nuevo borrador en el que el narrador ya no era solamente uno. Basándome en la sucesiva revisión de las entrevistas realizadas se me ocurrió darle voz al personaje femenino: Rebecca. Así surgió el borrador que con el tiempo se fue convirtiendo en la versión definitiva.

 

Una de las motivaciones para terminar el libro fue enfrentarme al material tan interesante que había acumulado: muchas horas de entrevistas y conversaciones. Es importante destacar la profusión del diálogo realista en La balada de la ciudad: algunas de las entrevistas fueron transcritas textualmente, de esta manera se retrata a la protagonista de forma íntima. El registro es realista, dado que basa su fuerza en el instinto, la inmediatez, la realidad concreta y la comunicación emotiva. La forma en que un periodista puede penetrar los pensamientos de otra persona es entrevistándola, de este modo tiene acceso a su punto de vista, opiniones y emociones.

 

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Por otra parte, como indica el escritor Tom Wolfe, el nuevo periodismo, se identifica con el periodismo que es leído igual que una novela y en el que es posible escribir artículos de la realidad empleando técnicas narrativas con la idea de hacer un periodismo literario. En ocasiones no entrevistaba a las mujeres, sólo encendía la grabadora y les pedía que me hablaran, no necesariamente de su trabajo, sino de lo quisieran contarme. A veces seguíamos hablando y olvidábamos que la grabadora estaba encendida. Posteriormente estas grabaciones me sirvieron para trazar el desarrollo psicológico del personaje.

 

Analizar las noticias sobre las problemáticas que ocurrían en el mundo, contribuyó a darle más realismo y me permitió también encontrar temas de conversación para los personajes. En una novela siempre puede existir otra historia de fondo. Por medio de los testimonios estoy contando esa otra historia. Una que, a mi juicio, es más importante que la historia de amor que surge entre mis personajes: Las problemáticas que existen en Colombia y Venezuela.

 

Al ser un periodista no podía dejar espacio para sentimentalismos, y no tenía que esperar que los personajes triunfaran. Pero, como autor de una novela, me hicieron sentir simpatía e iba viviendo con ellos su romance y su dolor. A pesar de su tragedia, los dos personajes principales tenían un gran sentido del humor y confieso que en algunos momentos me divertí con sus aventuras. Esa fue una señal de que, a mi juicio, su relación era válida, de que había creado unos personajes únicos, capaces de hacerme reír, amar y llorar. Sin duda, como indica el escritor español Manuel Rivas, el periodismo y la literatura pueden generar fisuras donde la realidad se tiñe de ficción:

 

“El periodismo tiene unas exigencias, a las que no está sometida la literatura. Los protagonistas de una noticia deben figurar en el registro civil. En un relato literario, no. Pero ¿son por ello menos reales Don Quijote o Emma Bovary? El hombre ha llegado a la luna sin moverse de su buhardilla en París. Exigencias de comprobación aparte, la historia del periodismo está llena de mentiras que a veces duran cuarenta años”.

 

Con el tiempo lo vi evolucionar desde una pequeña crónica, solicitada para una clase de periodismo, hasta convertirse en un libro. Tuve que ser muy paciente, no todas las semanas sucedía algo sobre lo que escribir. Hubo meses en los que no llegué a redactar nada y me planteé la posibilidad de escribir sobre otra cosa, pero quise seguir con el plan original de hacer una novela que se acercase mucho a la crónica.

Lea también: La balada “rock” de la ciudad I

Lea también: La balada “rock” de la ciudad III

Lea también: La balada “rock” de la ciudad IV

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