Clásicos

Soda Stereo: Nada Personal

mayo 29, 2017

Soda Stereo: Nada Personal

 

 

 

 

Por Daniel Ospina

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No fue el que le abrió las puertas de Latinoamérica, pero si les dio la llave que les permitiría hacerlo unos meses después.

 

La virtud de un músico, cualquiera que sea su rol al interior de una agrupación, siempre radica en estar ahí, en el momento y lugar apropiados. Se dice que es cuestión de suerte, pero no lo veo tan así. Cuando esos episodios se dan en la historia de la música, también entra a jugar la lectura que haga el músico sobre lo que exige (o exigirá) la grabación y su publico. Rara vez eso se da de forma consciente, y cuando es así suele ser una cuestión de ego.

 

No dudo que los protagonistas de esta Retrospectiva tuvieran su orgullo, pero en realidad fue más una cuestión de “ensayo y error” lo que les permitió lanzar hace 30 años el trabajo arquetípico de sus carreras. No es su mejor material (aunque pelea bien arriba), pero definió una etapa de su carrera y un estilo que en lo sucesivo y siempre bajo perspectivas distintas los llevaría a liderar el movimiento del rock en español en Latinoamérica.

 

Es momento de hablar de Soda Stereo y Nada Personal, su segundo álbum de estudio.

 

 

Contexto

 

Desde el momento en que tomó conciencia de si mismo (más o menos desde 1986), el rock latinoamericano tiene un referente muy concreto: Argentina. En parte por consolidar una identidad, una industria y un publico con más rapidez que el resto (cosa que no le impidió tener su propia cuota de marginalidad y censura), pero principalmente por la calidad de los artistas que salieron de ese lugar desde el principio; el país gaucho se ganó a pulso ese lugar en el colectivo del continente, con todo y que en los últimos tiempos se ha visto forzado a competir con México, Chile y Uruguay por esa supremacía.

 

Pero durante esos años ochenta post-Malvinas eran un autentico caldo de cultivo a punto de desbordarse. Virus, Seru Giran, Pappo, GIT, Sumo, Los Abuelos De La Nada, Miguel Mateos, Enanitos Verdes… Cada nombre que aparecía por esos días se sumaba a la lista de nombres ilustres del rock argentino. No obstante, para 1985 todavía no traspasaban fronteras. Hubo algunos intentos por parte de GIT y Miguel Mateos, pero todavía eran casos excepcionales y no terminaban de traducirse en un seguimiento incondicional o una idea de rock latinoamericano. Misma que, en cualquier caso, todavía no existía. Era el momento de Soda Stereo. Nadie lo sabia, ni siquiera la propia banda.

 

Luego de lanzar en 1984 su debut homónimo bajo la producción del vocalista de Virus Federico Moura y una recepción parcialmente positiva, Soda Stereo se metió al estudio para grabar inmediatamente su segunda placa. Había cosas por demostrar a sus detractores y cosas para reafirmar la confianza de su naciente fanaticada. En el primer caso, dejar claro que no eran una banda que basara todo en su imagen antes que en su música, y refutar totalmente la idea de que sus letras carecían de contenido. En el segundo, que podían hacer que sus canciones sonaran más “en vivo” de lo que pudieron conseguir en el debut. Ambas cosas los habían privado en ese primer año de vida de un mayor éxito, a pesar de conseguir un público.

 

Ahora los mismos Soda se encargarían de la producción luego de atesorar la experiencia de grabar en estudio y presentar ese material en vivo ante un publico más numeroso del que acostumbraban hasta ese entonces. Por eso la meta de Gustavo Cerati, Zeta Bosio, Charly Alberti y sus músicos invitados Fabian “Von” Quintiero, Richard Coleman y “Gonzo” Palacios era clara: capturar la fuerza de su acople y demostrar que no eran un grupo con temáticas vacías en sus letras.

 

El Disco

 

Al debut lo caracterizó principalmente la influencia de The Specials y The Police, buscando constantemente el equilibrio entre ritmos ska y ese “reggae para blancos” de la banda de Sting.

 

Para Nada Personal, la banda se fija en el new romantic y en grupos como Duran Duran, ABC, Spandau Ballet o Culture Club. Se identifican con ese tipo de glamour y elegancia sin dejar de lado las guitarras (combinación familiar para Cerati desde sus años en Montevideo cuando estaba en un grupo de música disco) buscando el cuerpo a cuerpo en la pista y en las listas de éxitos, siempre sumando la cuota necesaria de erotismo. “Estoy Azulado” es un muy buen ejemplo de eso.

 

Sin embargo, la influencia mas importante a lo largo de Nada Personal sigue siendo The Police. Eso si, desde una óptica mas seria. Canciones como “Imágenes Retro” y “Juego De Seducción” iban a tono con lo hecho por el trío ingles en Sinchronicity. Aun así, “Si No Fuera Por…” y “Observándonos (Satélites)” todavía tienen cosas del primer álbum de Soda. Algo descomplicadas en la letra, pero mucho más focalizadas en los ritmos. Y es ahí donde Nada Personal funciona: en trabajar más las canciones, y en explotar al máximo la reverberación en las mismas.

 

Nada Personal arranca con la canción titular. Retoma la idea de “Sobredosis De TV” y la traslada a una realidad todavía más alienante. Es la búsqueda del placer frente a una pantalla y la ausencia de contacto con alguien del sexo opuesto por lo vacío que se hace su entorno gracias a la influencia cada vez mayor de los medios de comunicación en las conductas consumistas del publico. No deja de ser diciente escribir algo así tan solo dos años después de que volviera la democracia a su país, y a la vez en medio de la fiebre neoliberal que encabezaban Reagan y Thatcher.

 

Encierra mejor que cualquier otro las intenciones y aspiraciones de Soda Stereo en esa etapa de su carrera. Sonar mejor, con más fuerza, entendiendo mejor las posibilidades de su acople y dándole algo mas de profundidad al mismo desde la consola. Pero sin darse cuenta ya estaban buscando otras cosas. Himnos, mayor identificación del publico con sus canciones (aunque sin ser populistas) y nuevas posibilidades creativas ya fuese en la instrumentación, la producción o las letras.

 

Siguen con “Si No Fuera Por…” que, como decíamos arriba, tiene una vibra más propia del debut pero mucho más pulida en los ritmos. La letra se refiere a la existencia de algo que siempre nos impide liberarnos en cualquier ámbito de nuestras vidas. Nunca dice qué es, pero ahí está lo interesante. Queda libre para que el oyente rellene ese espacio y responda esa pregunta. Todo con un ritmo bien new wave, unas guitarras bien enérgicas y el bajo de Zeta aportando el factor de inestabilidad.

 

“Cuando Pase El Temblor” es un punto aparte en esta historia. No se parece en nada a lo que hayan escrito Soda Stereo o Gustavo Cerati como solista antes o después. Es como uno de esos momentos de inspiración que vienen, se van y nunca vuelven. Tuvieron el buen oído para grabarlo a pesar de basarse en algo impropio de los “Police argentinos”: la música andina. Eso si, impropia pero no ausente de familiaridad para Cerati, quien de niño iba con su familia al pucará de Tilcara (el lugar donde se grabó el respectivo vídeo) en el norte de Argentina frecuentemente, encontrando allí una forma de conectar esos viajes con la música de Soda.

 

 

La guitarra es engañosa porque suena con ese patrón propio del reggae, pero con esa progresión de acordes y ese ritmo algo más acelerado en vez de llevarnos a la Babilonia evoca la imponente cordillera que atraviesa Suramérica. El teclado de Fabian “Von” Quintiero ayuda a la causa. A la fecha resulta difícil encuadrar esa canción en su catalogo, pero como haya sido, fue su primer hit verdadero. Y de alcance continental, además. El primero de varios. Curiosamente por lo complicada de la letra siempre tuvo una interpretación distinta. Personalmente soy uno de los que cree que habla del sexo pero con metáforas muy elaboradas. Otros consideran que las mismas se refieren a las dictaduras latinoamericanas.

 

Algo si es seguro, y es que la letra está parcialmente inspirada en el terremoto de septiembre de 1985 que prácticamente destruyó a Ciudad De México. No es de extrañar entonces la identificación de todo un país con esa canción, ni que fuese justamente cuando Soda ofrece su primera presentación en ese país en 1987 durante la gira de Signos cuando el rock mexicano despega para volverse también referente continental.

 

Llega el momento de bailar al ritmo de la “Danza Rota“, lo que lleva a pensar en una continuación o una respuesta a la canción anterior. Después de “despertar cuando pase el temblor” ahora hay que buscar “una pista o algún rastro” para escapar de esa “anarquía en los movimientos” y seguir adelante. Es una forma un poco frívola de dar animo, pero así se hacia en esos días.

 

Pasamos a “El Cuerpo Del Delito“, otra muy por el estilo de lo que hacían en el primer álbum pero que esta vez alude a la Guerra Fría como si fuera una novela policíaca. Imágenes como bunkers, sirenas, fugitivos, espionaje, son de las primeras que se vienen a la mente. Impecable una vez más Zeta en el bajo. Probablemente sea el disco donde tiene más peso como músico entre todos los de Soda. Así concluye el Lado A del entonces vinilo. Uno donde si bien el cambio ya es evidente, todavía hay elementos del debut muy presentes. Eso va a cambiar en el Lado B.

 

Lado que arranca con “Juego De Seducción“, ritmos más contundentes y fetiches variados que parecen ser puestos a la luz como si se tratara de ropa que uno saca del closet. No me gustaría decir que Soda Stereo fue el mejor profesor de educación sexual que se pudiera tener por esos días, pero es claro que fueron conscientes de que abordando esos temas (y hasta tabús) la masividad era inevitable. Más adelante nos topamos con “Estoy Azulado” (gran juego de palabras) y el saxofón de “Gonzo” Palacios que por si solo aporta erotismo y diferencial a un tema que en realidad es más bien romántico. Al menos para el tono que protagoniza el disco hasta ese punto.

 

Luego ceden nuevamente al influjo del primer disco con “Observándonos (Satélites)” y nos topamos con una nueva contraposición, ahora frente a la idea de la obsesión. En una la cosa corre por el lado de una relación amorosa, mientras que en la otra vuelve la temática de la Guerra Fría, las dictaduras y las libertades limitadas por un régimen. En ese ultimo caso es curioso como con Internet el mensaje de la canción es tan propenso a cambiar.

 

Las dos ultimas canciones de Nada Personal se van a encargar de anticipar el sonido y temática de su siguiente álbum. “Imágenes Retro” por ejemplo apela a una guitarra mucho más enérgica, más oscura pero siempre contagiosa mientras parece referirse a cierta necesidad de romper alguna obsesión con el pasado (“Debo tomar el antídoto para romper con la rigidez”) a la vez que su incapacidad para lograrlo (“Mis ojos perciben otra vez imágenes retro”).

 

Por su parte, “Ecos” aborda de una forma descarnada y dramática sobre la soledad. Sin duda es la canción más oscura de Nada Personal. Incluso suma teclados a su repertorio con mas propiedad de la que acostumbraban hasta entonces, a medio camino entre The Cure o The Psychedelic Furs. En parte por esa canción es que uno no sabe donde acaba Nada Personal y empieza Signos.

 

 

Recepción

 

Con “Nada Personal” como primer corte de difusión, la promoción del disco se convertiría en una especie de bola de nieve: conforme seguía rodando, más fuerte y más grande se hacia. Empezaron tocando durante finales del 85 y comienzos del 86 en los centros turísticos de Argentina, posiblemente tomando en cuenta que todo su publico había decidido salir de Buenos Aires por las vacaciones, decidiendo así que harían de banda sonora para las mismas.

 

Jugada inteligente que les permitiría acceder definitivamente al público argentino en abril de ese año, cuando se presentaron durante tres noches a lleno total en el mítico Estadio Obras Sanitarias. Meses después, el disco despega de forma definitiva superando las cien mil copias y representa su consagración en Argentina.

 

Pero el verdadero shock fue darse cuenta que durante ese 1986 habían traspasado fronteras y se habían hecho con un publico en Chile, Perú, Colombia y Venezuela. Todavía más interesante fue que se dieron cuenta de eso conforme avanzaba la gira por esos países y se daban cuenta que eran de las primeras bandas de rock latinoamericano que accedía a ese tipo de públicos, junto a GIT o Miguel Mateos. O, directamente, de las primeras bandas de rock internacionales que tocaban alguna vez en esos países.

 

Por si fuera poco, en una época donde MTV todavía no pisaba Latinoamérica, Soda buscaba anticiparse (o forzar los hechos) grabando en Jujuy el vídeo de “Cuando Pase El Temblor”, justo a tiempo para plantearse la conquista continental con su tercera placa, Signos. Pero esa es otra historia.

 

Legado

 

Lo que hizo importante a Nada Personal en el catalogo de Soda Stereo fue el hecho de que allí encuentran el estilo a desarrollar durante los ochenta. Uno inspirado en el post punk y la new wave, con elementos bien condensados de ambos frentes que van a profundizar en sus dos siguientes trabajos.

 

A lo largo de la década los temas de Nada Personal fueron recurrentes e infaltables en vivo. Sin embargo, para los noventa los temas se dejarían de lado por el cambio de estilo de Soda en Canción Animal, con las notables excepciones de “Cuando Pase El Temblor” y “Juego De Seducción“. La única excepción fue durante la gira de Sueño Stereo, cuando volverían al repertorio “Danza Rota” y, por una sola noche “Nada Personal”.

 

 

Para la gira final de 1997 solo interpretaron en vivo “Juego De Seducción” y “Cuando Pase El Temblor“, mientras que se utilizaba “Ecos” de fondo cuando la banda se despedía del público. En la gira de Me Veras Volver cinco de los diez temas de Nada Personal se incluyeron de forma regular en el repertorio. En el concierto final de la misma en diciembre de 2007, incluyeron una sexta: “Si No Fuera Por”, la cual no tocaban desde 1989.

 

No es un trabajo tan bailable como lo fue su debut, pero todavía incitaba a liberarse un poco en tiempos donde el miedo al Armagedón nuclear, al totalitarismo e incluso a la naturaleza dominaban el panorama, pero a la vez se podía respirar el optimismo por el inminente regreso de la democracia en gran parte de Latinoamérica. Regreso patrocinado por el neoliberalismo y su propia cuota de vicios, eso si.

 

Pero ojo, Soda Stereo no hizo comentarios sociales en sus canciones ni los necesitaba para plasmar en un disco la vida en Latinoamérica a mediados de los ochenta. Nunca buscó hacer algo así. Solo buscaban éxito comercial, hacer música más directa y dejar claro que no eran una banda manipulable por buscar un publico numeroso. Tal vez en ese momento no se pudiera vislumbrar ese detalle, pero años después queda claro que estaban conectados con lo que los rodeaba. Mucho más de lo que sus detractores creían. Mucho más de lo que la misma banda imaginaba.

 

Nada Personal fue el principio del coloso continental que llegarían a ser más adelante con su consecuente sodamanía. No fue el que le abrió las puertas de Latinoamérica, pero si les dio la llave que les permitiría hacerlo unos meses después. Había nacido una forma de hacer música que podía ser tan descomplicada como profunda. Que así como podía competir con Charly Garcia o Spinetta en calidad, podía hacerlo con cualquier figura del pop de esos días en convocatoria. Con ese disco nace, sin proponérselo, la idea de un rock latinoamericano.

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